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Cultura

Centenario de Ava Gardner, ‘el animal más bello del mundo’

Hace 100 años nació Ava Gardner, “el animal más bello del mundo” según expresó Ernest Hemingway. Esta conmemoración da pie para revisar cómo se construyeron los 'sex symbols' de la edad dorada de Hollywood.

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Por Gustavo Valencia Patiño
El fenómeno del estrellato fue un poderoso elemento que la industria del cine, léase Hollywood, descubrió rápidamente y supo aprovechar al máximo. Crear fulgurantes estrellas, actores y actrices se convirtió en un exitoso trampolín que lograba que, con sus millones de fans, vendieran su imagen en el mundo entero y así, la taquilla estaba garantizada. Esa es una de las grandes diferencias de Hollywood con el cine europeo.
Aunque mantener un cada vez más numeroso grupo de intérpretes superestelares nunca fue nada fácil y, además, a cada cual se le debía crear su propia historia. Mejor aún si se le podía acompañar de su propio escándalo. Es decir, darle a cada estrella rasgos propios de índole extracinematográfica que se convertían en el anhelado material de la prensa sensacionalista y de las revistas de chismes, medios de gran tirada en la primera mitad del siglo pasado.
Donde más fácil recaía todo ello era en conseguir actrices que por su belleza cautivaran a la población, en especial a la masculina. Poco después a la belleza de algunas de ellas se les agregó sensualidad, con lo que se hicieron más famosas y atrayentes. Algo hasta entonces no visto. Estrellas sexys con su propio escándalo. La discusión sobre moralidad no se hizo esperar.
Entonces, en 1930 apareció el código Hays, que censuró y vetó todo esto de manera tajante en la producción de Hollywood. Nada de escenas insinuantes o muy expresivas, mucho menos desnudos o semidesnudos. La duración de los besos no podía exceder los tres segundos y, en lo posible, que los temas de las películas no estuvieran orientados al adulterio, a la prostitución o asuntos relacionados con conductas sexuales.
Sin embargo, en el cine no es tanto lo que se ve sino lo que se insinúa a través de lo que se muestra. La imaginación del espectador va directo a la incitación, al estímulo de lo reprimido. Es decir, a lo sexual. Como el atractivo visual no se podía vetar porque no estaba contemplado en el código, solo bastaba la silueta de una mujer con formas exuberantes, una blusa y una falda apretadas que, al mostrarse con cierto ángulo y perfil, estimulaban los deseos de los espectadores.
Si a eso se le sumaba la capacidad interpretativa de la actriz, saber desplazarse ante las cámaras, se creaba a nivel mundial un sex symbol, algo que tampoco se conocía en la historia cultural de Occidente. El código se cumplía, pero el lenguaje visual había creado lo erótico para el cine, una forma muy particular y hasta ahora desconocida de la imagen en movimiento en la pantalla grande. Lo erótico se diferenciaba claramente de la simple belleza femenina de otras grandes actrices como Katharine Hepburn, Ginger Rogers, Ingrid Bergman y Grace Kelly, que millones de seguidores seguían adorando por su hermosura y sus dotes para la actuación.

Las películas de Ava Gardner serán poco mencionadas. Todo se basará en lo que vivió por fuera de la pantalla y así, de cierta forma se mantendrá el mito.

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