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Cultura

El triunfo de los desconocidos

Superando las 100 funciones, se encuentra en la cartelera teatral de Bogotá la versión colombiana de ‘Perfectos desconocidos’, una película italiana que ha atravesado las fronteras y de la cual se han realizado más de 20 versiones. La historia ha trascendido las pantallas y se ha llevado a las tablas con diversos resultados. La que presenta el Teatro Nacional La Castellana se ha convertido en todo un fenómeno de aceptación del público.

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Por Sandro Romero Rey
En un vuelo Madrid-Bogotá, el director de teatro Jorge Hugo Marín vio la película Perfetti sconosciuti, del director Paolo Genovese, y de inmediato pensó que allí había una estupenda idea para una adaptación teatral. Casi en la misma época y en las mismas circunstancias, Patrick Delmas, actor de origen francés radicado en Colombia, vivió la misma experiencia trasatlántica y decidió tomar el toro por los cuernos. Compró los derechos del guion y, junto con Fernando Arévalo, con quien ha trabajado en exitosos proyectos escénicos, escribieron una versión que se adaptara a las circunstancias locales. Se pusieron manos a la obra y uniendo esfuerzos hicieron la puesta en escena. Desde el día de su estreno, La Castellana está a reventar. Perfectos desconocidos continúa en temporada agotando localidades y produciendo entusiasmos entre los espectadores más diversos. No. No es nada fácil reunir todas las noches a más de 500 personas y encontrar un denominador común para que estallen las carcajadas. Quizás lo más interesante de la versión de Marín y su equipo radica en el hecho de que se le dio especial énfasis al humor desenfrenado, aquello que en la edad de oro del cine de Hollywood se llamaba la screwball comedy. Esto es, la historia al servicio de las carcajadas.
Es un misterio, por fortuna, saber cómo se vuelve exitosa una película, una serie, una obra de teatro. Si el secreto se enseñase, no existirían los fracasos: todos asumirían la fórmula y el público acudiría en masa a los dispositivos de representación. Pero nadie lo sabe. Sin embargo, pareciera que Perfectos desconocidos encontró la clave y tiene un recurso más que efectivo. Y ese recurso no radica solamente en el reparto, que en la versión colombiana ha resultado estupendo. En realidad, el verdadero protagonista de esta historia es el teléfono celular. Apoyados en una premisa del nuevo sentido común (“todo ser humano tiene tres vidas: la pública, la privada y la que esconde en su móvil”), Perfectos desconocidos no tiene pierde. Ocho personajes reunidos alrededor de una mesa, en una cena de amigos, la cual deriva en un juego que se vuelve macabro: permitir destapar todos los mensajes de audio o de texto que lleguen en ese momento a sus aparatos de comunicación. Y hacerlos públicos. Todos se ven obligados a aceptar el reto porque, si se niegan, caerán las sospechas sobre los que se resistan. En la versión italiana la travesura cobra tintes dramáticos. En la española, dirigida por Alex de la Iglesia y con la actriz colombiana Juana Acosta en el reparto, el asunto se torna macabro y un eclipse le da a la historia cierta ola de misterio. Por su parte, en la adaptación mexicana, el machismo y la intolerancia cobran mayor importancia y la fábula difiere notablemente de la colombiana, porque aquí se concentran en lo que se llama el quiproquo, las confusiones, los malentendidos: todos ellos en función de la risa. Y el espectador no para de batir sus mandíbulas.

Es un misterio, por fortuna, saber cómo se vuelve exitosa una película, una serie, una obra de teatro. Si el secreto se enseñase, no existirían los fracasos: todos asumirían la fórmula y el público acudiría en masa a los dispositivos de representación.

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