
Recordando la nueva ola francesa
El Festival de cine francés que se lleva a cabo en Bogotá, la muerte de Jean-Luc Godard y la presentación hace 65 años de 'Ascensor para el cadalso', de Louis Malle invitan a recordar la 'Nouvelle Vague', un movimiento muy particular e influyente en la historia del cine.

Por Gustavo Valencia Patiño
Diversos acontecimientos de vital importancia sucedían en la sociedad occidental de los años 50 y 60 en el ámbito sociocultural y político. Entre los más notorios, una revaloración del comportamiento sexual, que se manifestó en actitudes nuevas y más liberales, impulsadas por un fuerte y cada vez más radical movimiento de liberación femenina, que también apuntaba a vivir otras pautas ante la sexualidad impuesta.
Los otros aspectos fueron más de carácter político, de confrontación y de renovación de postulados ideológicos producto de un creciente inconformismo con el sistema social establecido y que, de una especie de nihilismo trágico con la vivencia del estallido de la bomba atómica años atrás, ahora estaba llamando a sectores populares y a la población juvenil en general a expresar de forma más activa esta oposición a las estructuras vigentes. Además, cada vez hay más simpatizantes a favor de la independencia de Argelia, incluso en la misma Francia.
Era una situación común en toda Europa y, por tanto, muy pronto comenzaron a plantearse expresiones en el ámbito cultural, en particular del teatro y la literatura. En el cine, por su riguroso carácter comercial, estas manifestaciones fueron más lentas y tomaron diversos rumbos, aunque nunca ajenos a todo este malestar. Aparecieron ciertos brotes iniciales en Polonia y Hungría, y con los jóvenes airados del Free Cinema británico.
Solo en el marco de todas estas condiciones es posible entender la aparición de la Nouvelle Vague y la eclosión de tantos nuevos realizadores en Francia. En 1957 la revista Cahiers du Cinéma publicó una lista con 159 nombres de nuevos jóvenes directores. La publicación planteó sus diversos planteamientos, sus opiniones y puntos de vista, así como anunciar la existencia de un público nuevo y muy receptivo a estos novedosos discursos fílmicos.
Eran unos jóvenes que lo único que tenían en común era ser hijos de su tiempo y se hermanaban al plantear y diseñar otras condiciones para filmar. Por eso eran tan variados y diferentes en sus películas y, paradójicamente, tan similares entre sí, de tal forma que a primera vista parecían formar un grupo compacto. Por el contrario (sus realizaciones así lo confirman) cada uno tenía un universo propio tanto en temas como en la manera como afrontaban la puesta en escena, el rodaje y el montaje. Cada cual tenía muy claros sus propios criterios, que muchos de ellos expresaron en aquellos interminables debates de la Cinemateca de París y algunos otros, en las páginas de Cahiers.
Hubo acuerdos pero no por ello se convirtieron en bandera o adalid en torno al cual se consolidaron como movimiento. Se trató de un numeroso y talentoso grupo de jóvenes etiquetados como Nueva Ola francesa y así se presentaron en su país, ante las demás vanguardias cinematográficas del momento, ante especialistas y críticos y, con el tiempo, se convirtieron en parte importante de la historia del cine mundial.
Como todo movimiento vanguardista no tuvieron mucha acogida en la taquilla. Sin embargo, y aunque parezca contradictorio, se convirtieron en la columna central de la producción francesa y no como movimiento Nueva Ola (pues toda vanguardia desaparece muy rápido) sino porque la mayoría de sus integrantes continuaron de manera individual una fértil producción y, de cierta manera, continuaron con los preceptos lo que los motivaron e impulsaron al rodar sus primeros films.

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