
Adiós a Maruja Vieira, testimonio de un tiempo que termina
Este sábado 28 de octubre murió Maruja Viera. Federico Diaz Granados recuerda algunos de los mejores momentos que vivió junto a la poeta que cumplió 100 años el pasado diciembre.
El 25 de diciembre de 2022 un grupo de amigos estuvimos celebrando los cien años de Maruja Vieira. Fue aquella reunión una celebración de la vida, el afecto y la amistad. Hubo fotos, poemas, remembranzas y alegría. Maruja estuvo feliz rodeada de su hija y sus cercanos afectos y así culminamos un año de reconocimientos alrededor de su centenario.
Recuerdo hoy cómo en los momentos más crudos de la pandemia, y con el pretexto de revisar unos nombres para una eventual antología de poesía colombiana para ser publicada en una universidad de los Estados Unidos, tuve una entrañable conversación con la poeta Andrea Cote sobre nuestra tradición literaria, los autores y obras canónicas, los movimientos, grupos y escuelas y, sobre todo, los nombres olvidados. Coincidimos en muchas miradas y celebramos la impronta definitiva de las poetas en nuestra literatura del siglo XXI. Coincidimos en que hay que invitar a la lectura crítica y a la revisión de sus aportes definitivos a nuestra identidad y la manera de habitar un idioma. Entre ellas Maruja Vieira, quien nació en 1922, precisamente en una década dorada en la que también nacieron muchos artistas y escritores colombianos que vinieron a trazar los rasgos de una modernidad en nuestro país.
De igual forma he rememorado el homenaje que le rendimos a Maruja Vieira en el Gimnasio Moderno en marzo de 2012. Reunimos a varias jóvenes poetas para que celebraran una trayectoria y una obra que abrió muchas puertas para diferentes generaciones. En aquel evento llamado Nuevas poetas en Bogotá participaron entre otras Yirama Castaño, Catalina González, Jenny Bernal, Paola Cadena, María Gómez Lara, Angélica Hoyos Guzmán, Carolina Dávila Daniella Sánchez Russo, Marcela Escovar, Nathaly Díaz, María Paz Guerrero, Amparo Osorio y Eugenia Sánchez Nieto. Cada una de ellas leyó un breve texto sobre la obra de Maruja y la influencia que había tenido en sus procesos de escritura y posteriormente leyeron el poema favorito de la autora homenajeada. Aquella noche fue una verdadera fiesta de la palabra y la poesía. Meses después en el mismo recinto se encontraban por primera vez Maruja Vieira y la poeta nicaragüense Claribel Alegría, uno de los símbolos de la resistencia y el exilio en la poesía centroamericana del siglo XX: Fue un encuentro lleno de emociones. Era una cita aplazada en el tiempo. Se conocían por correspondencia, amigos en común y por lo que cada una representó en su país como precursoras de una poesía testimonial que con el paso de los años se podría entender como una crónica de su época, sus conquistas y contradicciones. Claribel apretó la mano de Maruja y le dijo “Cuántos años esperando este momento, cuántos exilios y amigos muertos para mirar hoy tus ojos que tienen la misma luz de tu poesía”. Clara Isabel Alegría Vides, bautizada Claribel por José Vasconcelos tal cual le ocurrió a María Vieira White a quien el poeta chileno Pablo Neruda llamó Maruja: “Cuando Neruda estuvo en Colombia, le mostré el poema que me habían publicado en El Tiempo, gracias a Calibán, y que estaba firmado por María Vieira White. Entonces dijo: - ¿María Vieira White? ¿Cómo le dicen aquí a las Marías? - Y le contesté: Maruja. -Ah, en Chile les decimos Maruca, ¿qué tal Maruja Vieira? - Y desde ese día me quedé así, porque nunca quise tener un seudónimo, como me lo había propuesto Calibán, quien decía que -un apellido tan comunista en El Tiempo...- A Neruda le encantaba darles nombre a las cosas” recordó Maruja en una entrevista a propósito del Premio Vida y Obra que le concedió el Ministerio de Cultura en 2012.
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