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Cultura

Juan Diego Mejía y su búsqueda de la mujer, la ciudad, la política y el destino

Juan Diego Mejía.

El sello Tusquets ha reeditado la obra del escritor antioqueño Juan Diego Mejía. Dos de ellas son 'El dedo índice de Mao' y 'Camilatodoslosfuegos', que ,hablan de un Medellín desaparecido en las brumas de un pasado y que gracias a la literatura regresa.

Hernán Darío Correa*
Los personajes centrales de El dedo índice de Mao y Camilatodoslosfuegos nos llevan y nos traen por los laberintos de sus torrentes de pensamiento convertidos en universos narrativos, en los cuales a tientas van descifrando los mundos de la mujer y de la ciudad a través de unos monólogos incesantes, diáfanos, sinceros y despiadados consigo mismos. Lawrence Durrell decía que solo conoceremos una ciudad hasta que ella nos depare una relación con una mujer, y aquí ciudad y mujeres se iluminan y entrelazan cuando la vida se abre a las transformaciones del deseo, de la amistad y del amor, en la forma de recorridos por los parajes urbanos y por los cuerpos de unos seres que van cambiando cuando se ven confrontados por los desgarramientos de lo que, evocando al pensador de las potencias de la vida, podríamos denominar como las emergencias de unas anomalías salvajes.

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En efecto, sus personajes -jóvenes escolares, hombres y mujeres adolescentes en trance de ingreso a la universidad-, son seres que no encajan en la cotidianidad de las rutinas familiares o en los grupos que hacen política, y asumen la contestación del orden o la marginalidad cotidiana y se mueven por los parajes de la Medellín de los años 70, caminan, conversan, se embriagan, se sumen en el silencio o el mundo de los secretos mutuos, se enlazan en sus primeras experiencias sexuales o se refugian en los bares o en espacios abiertos como las escalinatas de la catedral, los parques, algunas fincas vacías del entorno rural, una banca de la avenida La Playa desde donde observan pasar a los afanados transeúntes que a su vez los miran intimidantes, o en los buses que los llevan día tras día hacia sus barrios y nos dejan ver como lectores las escalas sociales y los vecindarios de donde provienen; y nos asoman a lo profundo de sus formas de desear y de buscar caminos para sus vidas.

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