
Oppenheimer: no espere a verla en la cama
“Cuando sale una película del tamaño de Oppenheimer todavía quedan fuerzas para ir a la sala de cine, soportar el olor de la salsa de tomate del compañero que come perro caliente a tu lado e ignorar a los impuntuales que atraviesan frente a la pantalla”.
Por: Santiago Posada
En realidad, se ha vuelto muy fácil decidir esperar a que las grandes películas lleguen a las plataformas de streaming para verlas en la cama o en el sofá de la casa, sin filas, ni trancones, ni parqueaderos. Pero a veces, cuando sale una película del tamaño de Oppenheimer todavía quedan fuerzas para ir a la sala de cine, soportar el olor de la salsa de tomate del compañero que come perro caliente a tu lado e ignorar a los impuntuales que atraviesan frente a la pantalla y susurran en los primeros minutos de la película. Definitivamente es una película que vale la pena verla en el cine, no tanto por la proyección en IMAX (que en verdad, no se entiende la necesidad de rodar esa película en 70mm), sino sobre todo por el sonido y la indudable atmósfera que nos genera la sala oscura de cine, que le impregna un sabor de relevancia a todo lo que vemos en ella.
Es un gusto ver una película tan formalmente bien lograda. No hay quejas al respecto y podemos esperar mil videos en YouTube sobre el tratamiento visual, el casting apoteósico, el color y la composición sonora sobresaliente como en todas las películas de Christopher Nolan. Pero allí no es donde queremos reparar, sino en el otro aspecto que hace gigante a esta película y es la naturaleza de las reflexiones y las preguntas tan enormes que la película vuelve a traer a discusión, sobre un tema tan tremendo como lo es la bomba atómica, en una época en la que estamos tan inundados de narrativas e historias volcadas al yo, a la identidad y la inclusión, temas que definitivamente van a marcar esta época del cine y la televisión, pero que evidentemente se han vuelto el caballito de batalla de todo lo que quiere ser comercial y relevante en estos tiempos. Ya da un poco de pereza.
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