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Cultura

‘El último hombre’, la película alemana que liberó la cámara

Hace 100 años se estrenó ‘El último hombre’, una cinta muda alemana que dirigió Driedrich Murnau y que dio origen a un lenguaje cinematográfico que por fin pudo liberarse del yugo de tener que ser como el teatro.

Por: Gustavo Valencia

El 23 de diciembre de 1924 se estrenó en Berlín El último hombre (Der letzte Mann), en una fecha bastante inusual por aquella época para la premiére de una película, pues estaba programada para hacerlo una semana antes y no el día anterior a Navidad. Y sucedió que toda la opinión pública nacional tenía la atención puesta y, por ende, toda la prensa del momento, en la salida de la cárcel, antes de cumplir la totalidad de su condena, de un político de creciente popularidad que ya acaparaba la atención de todos por sus tesis e ideología, que generaban polémica y aguda controversia y que ya estaban polarizando al país. El estreno debía haber sido el 20 de diciembre de 1924, día en que salió libre Adolf Hitler.

Así que el debut de la cinta se pospuso para el día anterior a Navidad, una especial condición para este filme, que ya anunciaba mucho más que un simple retraso por la situación política del momento en Alemania. El relato como tal es sobre el portero de un gran hotel que, por su edad, es reemplazado por otro más joven. Relegado a servir en los baños, su mundo personal y familiar colapsa. La película narra todo ello a punta de sólo imágenes, otro de sus méritos, pues no necesitó de subtítulos, lo que refleja el alto nivel alcanzado por aquella cinematografía germana. Además, por su carácter radical y avanzado daría comienzo a nuevos rumbos en la estética del cine.

Todo esto se debió a la particular conjunción de sus tres directos creadores, destacadas figuras en los estudios berlineses: Friedrich Murnau, en la dirección, Carl Mayer, el guionista, y Karl Freund, el camarógrafo, este último todo un investigador de las propiedades de la luz y muy interesado en romper con la rigidez de aquella cámara, fija y unida a un trípode, o “encadenada”, como la llamaban en aquel entonces. Es proverbial el trabajo que se efectuó de luces y movilidad de la cámara, en especial debido a los recursos creados para lograr la cámara “desencadenada”, la cual generaría una gran influencia que traspasaría las fronteras alemanas.

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