
‘Adolescencia’: el hermoso terror del caos
Juan Francisco García, periodista cultural de CAMBIO, vio, en una sola sentada, la serie 'Adolescencia' y, con lágrimas en los ojos, reflexionó sobre su potencia.
Jamie, adolescente de trece años de una familia de clase media inglesa apuñala –hasta la muerte– a Katie, compañera de su clase. Para atender su premisa, Adolescencia, la miniserie de cuatro capítulos mantiene en sus 228 minutos de duración un plano secuencia que busca alumbrar los recovecos del crimen. Entender, pues, por qué el adolescente asesino hizo lo que hizo.
Adolescencia será premiada y quedará en el intestino y en la memoria de los espectadores, sin embargo, porque con crudeza, inteligencia y humor británico se adentra en abismos de nuestros tiempos sin caer en la tentación de resolverlos o de darles forma. O más bien: su genio y potencia radican en que su guion se vale de la sordidez, la angustia y la sordera que devienen del intento por asir esos abismos y dar con los porqués del asesinato.
La serie indaga, como indica el canon de las tramas que implican crímenes, en el sistema del acusado: la familia clase media con su estrechez y sus miserias mínimas; la rutina perturbadora y asfixiante de un colegio público que es más bien un gran psiquiátrico; el matoneo ponzoñoso que en el ser humano alcanza su cenit en los años del despertar sexual (la edad del asesino y de su víctima); las herencias psíquicas del patriarcado; la obsesión por el sexo y la popularidad; la urgencia vital de aprobación y la ira sin contornos que le sigue al rechazo.
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