Ir al contenido principal
photologuephotos2025-02colp_133500jpg
Cultura

‘Fortuna’, una novela para armar

El dinero es una fantasía en la que todas las personas creen. Y el capital financiero es una ficción de esa ficcion. De esto último trata 'Fortuna', la novela del escritor argentino Hernán Díaz, quien vive en Nueva York y escribe en inglés. El canal HBO ya compró los derechos de la obra para realizar una serie audiovisual.

Por: Luis Fernando Afanador

Nunca había leído una novela sobre el dinero. Había leído, eso sí, párrafos memorables sobre el dinero en algunas novelas. En Los siete locos, de Roberto Arlt; en Plata quemada, de Ricardo Piglia, donde los atracadores de un banco queman el dinero. Una escena perturbadora. Arriesgar la vida para luego quemar el dinero. Nadie entiende, ni la policía entiende. El dinero no se quema. Quemarlo implica destruir una ficción en la que todos creemos. Porque, como se mostrará en Fortuna, la novela que nos ocupa –por cierto, escrita también por un argentino– el dinero es una ficción: “El dinero. ¿Qué es el dinero? Bienes de consumo en forma de pura fantasía… El dinero es una mercancía fantástica. Una fantasía. Ni lo puedes comer ni te abriga, pero representa toda la comida y toda la ropa del mundo. Por eso es una ficción. Y eso mismo lo convierte en un patrón con el que valoramos todas las mercancías… Así pues, si el dinero es una ficción, el capital financiero es la ficción de una ficción”.

Fortuna (el título original en inglés es Trust, más significativo, por cuanto alude a ´confianza´ y a ´fondo´), versa sobre el capital financiero, ese que se mueve, come, crece, se reproduce, enferma y puede morir, el “capital que engendraba capital que engendraba capital”. Su protagonista, Benjamin Rask, proviene de una familia de tabacaleros y azucareros, y se ha convertido en el hombre más rico del mundo, en el país más rico del mundo –estamos en Nueva York, en los años veinte– porque vendió todas sus propiedades y se dedicó a especular en la bolsa. Descubrió que el capital financiero es más “limpio”, que cuanto mayor es la operación, más lejos está de los detalles concretos: “No le hacía falta tocar un solo billete ni relacionarse con las cosas y la gente a las que la transacción afectaba. Lo único que tenía que hacer era pensar, hablar y quizás escribir. Y el ser vivo se ponía en marcha, dibujando hermosos patrones de camino a una abstracción cada vez mayor”.

Rask parece haber descubierto el secreto para acumular capital no originario, ´incontaminado´ de esclavitud y de explotación. Y para sobrevivir a los constantes ciclos que produce el capitalismo. En efecto, Rask será el único que sale airoso del famoso crac de 1929, lo que lo convierte en una leyenda, para bien y para mal. Es un hombre austero, antisocial, el cual, más por seguir las convenciones, beneficiosas para sus intereses, se casa con Helen Brevoort, una mujer brillante, culta, educada en Europa, proveniente de una familia burguesa de Albany, venida a menos. Helen Brevoort, ahora Helen Rask, con infinitos recursos a su disposición, se dedica al mecenazgo y a la filantropía, y organiza selectas veladas musicales con grandes directores e intérpretes en su mansión del Upper West Side de Manhattan. Benjamin Rask, a quien le gusta controlar todo, logra construir una relación perfecta con ella –un buen pacto, diría él– hasta que aparece la enfermedad mental de Helen, heredada de su padre. Una locura que se escapará a sus cálculos y a sus previsiones.

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.

Suscribirme
Finalización del artículo

Lea los comentarios

Temas en este artículo

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir artículo en redes sociales