
“No se me cae la lagrimita”: Leila Guerreiro retrata a una víctima de la dictadura
Leila Guerriero.
Leila Guerriero investigó a fondo el caso de Silvia Labayru, una joven de izquierda, militante, hija de militares que fue detenida y torturada durante la dictadura militar argentina. 'La llamada’ es el retrato de una mujer carismática y polémica, que se escapa por completo a la convención de lo que se clasifica como víctima.
Silvia Labayru fue una víctima de la dictadura argentina que nunca se victimizó. Hija de una familia de militares, que incluía a su padre, miembro de la Fuerza Aérea y piloto civil, fue secuestrada y llevada a la Esma, la Escuela de Mecánica de la Armada, donde funcionaba un centro de detención clandestina. La torturaron, la violaron. Tenía 20 años y cinco meses de embarazo. En el momento de la detención, 29 de diciembre de 1976, llevaba varios años militando en la organización Montoneros, un grupo peronista que reivindicaba la lucha armada. Su trabajo consistía en labores de inteligencia y en acciones callejeras.
¿Cómo había llegado a ser guerrillera una muchacha ´burguesa´ que admiraba a John F. Kennedy y pasaba vacaciones en Estados Unidos? Las ideas revolucionarias “soplaban en el viento”, llamaban a la juventud de esa época y a los 13 años, Silvia había ingresado al prestigioso Colegio Nacional Buenos Aires, donde pululaban los grupos de izquierda.
Su hija, Vera, nacida mientras Silvia estuvo presa, fue entregada a sus padres poco después del parto y ella fue liberada en junio de 1978. Los militares de la Esma la enviaron a Madrid junto con su hija. Sin embargo, salió de un infierno y llegó a otro. La consigna “vivos se los llevaron y vivos los queremos”, no era tan cierta. Los sobrevivientes –y no solo Silvia– tuvieron que padecer el estigma: ¿por qué los liberaron? ¿Por qué no están muertos? “Algo habrán hecho”. “A alguien habrán delatado”. No había disyuntiva, no había matices. O héroe muerto o villano con vida. Silvia tuvo que padecer durante muchos años el ostracismo y los desplantes de los exiliados argentinos y también de personas que trabajaban en derechos humanos. Salvo cuando la necesitaron para algún evento, para exhibirla: “Me revienta que estén sacándote fotos y viendo si se te cae la lagrimita”. La gran ironía es que gracias a los valiosos testimonios de los sobrevivientes de los centros de detención fue posible judicializar a los militares y obtener sus condenas. Y hay más. Por iniciativa de Silvia Labayru, en 2021, fueron condenados Alberto 'Gato' González y Jorge 'Tigre' Acosta, de la Esma, por abuso y violación, y como delitos autónomos de la tortura.
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