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Cultura

Gozar Leyendo con CAMBIO: Triunfo Arciniegas por tres

Darío Jaramillo Agudelo analiza ‘Muertas de amor’, ‘Noticias de la niebla’ y ‘Las batallas de Rosalino’, del escritor santandereano Triunfo Arciniegas. Novela, cuentos, aforismos y poesía figuran en estos tres libros.

Por: Darío Jaramillo Agudelo

Muertas de amor

Dije alguna vez que la manera de medir la calidad de un texto para niños es que los adultos lo disfruten con placer. Añado, sí, que si esta ley es atinada, su inversa no lo es: hay textos para adultos que aburrirían a un niño porque se refieren a temas que no son parte de la vida de los niños. Precisamente cuando un individuo –¡o una individua!– comienza a interesarse en el amor físico, en el sexo, esto significa que ha dejado de ser niño.

Pero no dudo de que un individuo –¡o una individua!– disfrutará enormemente de Muertas de amor. Aquí el amor no es precisamente un sentimiento, una forma de la nostalgia o el título de un bolero lleno de infelicidad y suspiros. No. El amor es una actividad física, una forma de actuar de los cuerpos desnudos casi siempre de a dos, pero no necesariamente. El amor no es un sentimiento, no se siente, sino que el amor se hace. El amor es Eros. Y a él se puede llegar por cualquier sinsentido. O por cualquier sentido, por ejemplo el olfato: en el primer cuento la voz narradora es la de una chica, casi una niña, que comienza diciendo: “mamá cree que todavía soy virgen. Sabe muy pocas cosas de su niña linda. Sabe de las visitas del vampiro y los botones de mis senos, pero no imagina que el olor de un hombre me atrapó en el marcado (...). Pasó por mi lado y su olor me impregnó cuando ni siquiera había visto su cara. Levanté los ojos porque era más alto y vi sus bigotes espesos, sus cejas despeinadas, su nariz colorada, y el olor no me dejó pensar. Me gustó el hombre, calculé que me llevaba por lo menos veinte años aunque todavía no era viejo”. Lo huele, lo quiere seguir oliendo, y ese olor la lleva al deseo y el deseo a la cama. Muchas páginas más adelante, otros son los personajes pero reaparece el olor. El tipo es un poeta que le escribe a ella un poema en sus nalgas: “el más breve, aunque tengo espacio de sobra. Qué loco. Ese hombre olía a bosque, sabía a bosque. Su olor permanecía en mi piel durante días. Me embadurné con su sustancia en ese bendito hotel de la frontera”.

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