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Catalina González, editora independiente, gerente y editora de Luna Libros
Catalina González
Cultura

Catalina González, el ‘detrás de cámaras’ de la edición independiente

Diez editoriales independientes de América Latina entregan el Premio de No Ficción Latinoamérica Independiente, cuya convocatoria para su cuarta edición se cierra el 31 de mayo. Catalina González, de Luna Libros, cuenta de qué se trata este galardón y también acerca de cómo funciona la edición independiente, cuáles estrategias han permitido su crecimiento y qué la hace tan atractiva a pesar de las dificultades que conlleva dedicarse a ella.

Por: Eduardo Arias

En los próximos días se cierra la convocatoria para la cuarta edición del Premio de No Ficción Latinoamérica Independiente, una iniciativa de 10 editoriales independientes de América Latina.

El objetivo de este premio es promover la reflexión “fuera de cualquier dogma, institución o tendencia anclada a los algoritmos de las redes sociales”, como se lee en la proclama de la convocatoria. En estos tiempos resulta muy difícil hacerlo y por ese motivo los sellos independientes y autónomos El Cuervo (Bolivia), Fósforo (Brasil), Godot (Argentina), La Pollera (Chile), Libros del Fuego (Venezuela), Luna Libros (Colombia), Elefanta (México), El Fakir (Ecuador), Trabalis (Puerto Rico) y Criatura (Uruguay) crearon el premio, que, como recuerda Catalina González, gerente y editora de Luna Libros, “surgió en pandemia como una forma de tener un proyecto en un momento en el que todo era tan incierto”.

La premisa de esta alianza es que el libro ganador se publique en los diez países y que cada editorial lo haga “donde juega de local, le hace la promoción a libro, lo publica y lo presenta. Luego conseguimos algunos fondos para que los autores circulen por varios países”, agrega.

Hasta ahora se han entregado dos premios. El primero lo ganó Sumario de plantas oficiosas de Efrén Giraldo, autor colombiano que luego ganó el Premio Nacional de Ensayo del Ministerio de Cultura. “Con Efrén nos pasó que estaba en el campo académico. Lo dimos a conocer al público y luego en Luna Libros le publicamos Caminos del moriche, un ensayo sobre La vorágine”. De esa manera el tema en la naturaleza llegó al catálogo de Luna Libros y lanzó una nueva colección que se llama Luna Verde. De esa colección es Una república en un árbol, que recopila y recupera textos de Joaquín Antonio Uribe, un naturalista antioqueño del siglo XIX que le da su nombre al jardín botánico de Medellín. “Efrén hizo la selección y el prólogo de ese libro, que fue uno de los más vendidos en la pasada Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Cabe destacar que Sumario de plantas oficiosas ganó la segunda edición del premio, porque la primera resultó desierta. Al respecto, Catalina González recuerda que en el proceso de selección los editores son pre jurados y le pasan al jurado unos libros para que sean ellos quienes los evalúen. “Sentimos que no había un libro que reuniera las condiciones. Para que el proceso fuera transparente, el jurado dio la palabra final. Ellos lo pensaron mucho porque les daba miedo que al declarar desierto el premio lo mataran, porque justo era pandemia. Fue un inicio un poco atropellado, pero por suerte Alberto Sáez, editor de Libros del Fuego, de Venezuela, descubrió que en el Premio Herralde el primero fue declarado desierto, así que continuamos”.

La segunda ganadora fue Marina Berry, de Argentina, con Alfabeto ruso. “Ella toma las letras del alfabeto ruso en mayúscula y en minúscula, escoge una palabra y cuenta una historia alrededor. Hay anécdotas literarias y cotidianas como el ferrocarril, los faroles, la nieve. Y también refleja cómo trabaja el lenguaje”, dice Catalina González.

En esa versión participó Sergio Wolff, argentino también, un finalista que a Luna Libros le llamó mucho la atención. Su libro Las víboras no tienen párpados es un ensayo sobre el archivo y el oficio de archivar, que Luna Libros editó en Colombia.

El premio ya tiene cierto reconocimiento. El jurado siempre lo integran personas muy destacadas. Este año estarán Juan Villoro, Sabrina Berman y Marina Berrik, quien fue la ganadora del premio anterior.

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'Sumario de plantas oficiosas' de Efrén Giraldo.

El auge de los independientes

La edición independiente se ha abierto campo en Colombia y en algunas oportunidades han logrado ventas que envidiarían las grandes editoriales. “Yo lo sentí sobre todo este año”, dice Catalina Gionzález, quien recuerda que en la Feria del Libro de 2018 pelearon por el pabellón 17 y los independientes lograron ese espacio que ha ido creciendo. “Al comienzo la gente no entendía qué es un editorial independiente. Entonces hicimos un gran esfuerzo en explicarlo”, señala.

Una de las características de las editoriales independientes es que, al editar pocos títulos año, logran que la vida de los libros sea mucho más larga. En una editorial grande tiene una curva de venta de dos o tres meses. Si no se vendió, deja de existir, deja de verse en las librerías”, explica ella. “Son dos lógicas muy distintas. Nosotros le damos más tiempo en librerías y en el catálogo. Ellos no pueden por la cantidad de títulos que publican al mes, que fluctúa entre 30 y 40 títulos. Yo el año pasado saqué tres títulos”.

Ella destaca la importancia de construir un catálogo, que en su caso es pequeño. “Tenemos 54 títulos y vamos a cumplir 18 años. Entonces, en promedio son dos a tres libros publicados al año. Lo que nos diferencia a nosotros es la selección. La escogencia de los títulos es nuestro diferencial y también lo que publicamos, que es sobre todo poesía y ensayo”.

Para hacer viable una editorial que publica tan pocos libros, las alianzas son una herramienta fundamental. “Los premios nos han dado mucho: los de no ficción y el Premio Nacional de Poesía María Mercedes Carranza, que hacemos en alianza con Idartes y Cardumen, otra editorial independiente”, afirma. Las coediciones también les ayudan a compartir gastos y esfuerzos. Y también los riesgos. “Algo que a mí me parece muy importante al coeditar es que se amplía el público. Se suman los públicos de las dos o de las tres editoriales que coeditan. Laguna Libros tiene otro público. Entonces, al coeditar con ellos se amplía tanto el de ellos como el nuestro”, dice.

Otro cuello de botella es la distribución y para ello crearon una distribuidora llamada La Diligencia Libros junto con Laguna y La Silueta. Comenzaron distribuyendo siete sellos y ya cuentan con alrededor de 25 editoriales, algunas de ellas de otros países como España y Argentina. “Esa también es una forma de llegar a muchas librerías y también a ferias nacionales e internacionales”

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Por qué editar libros de manera independiente

Catalina González entró a la edición cuando estudiaba literatura en la Universidad de Antioquia. Cuando lo hizo sólo había una licenciatura. Ella no quería ser profesora porque no tiene esa vocación. Entonces se dijo: “Bueno, algo se va a aparecer. Trabajo en un museo, en gestión cultural...”. En segundo semestre fue elegida en una convocatoria para ser monitora de la revista Lingüística y Literatura de la universidad. “Desde ahí estoy trabajando en el mundo de la edición”.

Luego fue correctora de pruebas en la imprenta y trabajó en la editorial de la Universidad. Por razones personales se trasladó a vivir a Bogotá, donde fue correctora freelance en algunas editoriales y luego trabajó de planta como editora en Intermedio Editores y después fue coordinadora editorial en el Fondo de Cultura Económica. “Tenía que ver presupuestos, cronogramas… Pero claro, un editor, creo yo, tiene el deseo secreto de tener una editorial algún día. Yo lo veía muy difícil todavía en ese momento. Era el año 2005”. Ganó una beca en España para editores latinoamericanos en la Universidad Complutense, donde aprendió mucho no sólo de edición sino también sobre mercadeo y producción. A partir de esa experiencia se dijo: "Yo quiero ya tener una editorial".

Juan Camilo Sierra, con quien había trabajado en el Fondo de Cultura Económica, y Darío Jaramillo, habían fundado Luna Libros. Al saber de sus logros en España, Sierra le propuso que fuera socia de Luna Libros. “Pero yo no tenía ahorros. Fui a Medellín y hablé con la hermana mayor de mi papá y le conté la historia. Entonces me dijo: ‘Mijita, tú no sabes, pero yo te tengo unas acciones que tu abuelo te dio cuando naciste y yo te la sigo manejando. Te voy a dar esa plata’. Y así pude entrar como socia. Después Juan Camilo volvió al Fondo de Cultura, y Darío y yo quedamos al frente de la editorial”.

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