
Krasznahorkai, el Nobel que nos alucina con su lenguaje y su imaginación.
La narrativa de László Krasznahorkai combina erudición, imaginación y una poderosa reflexión sobre el orden, el caos y las expectativas colectivas. Análisis del profesor Jorge Iván Parra sobre la obra del escritor húngaro galardonado con el Nobel de literatura.
Por: Jorge Iván Parra
La novelística húngara nos ha dejado en su devenir autores de mucho fuste, dos de ellos galardonados con el Nobel. El primero, en 2002, fue, con todo merecimiento, sobre todo porque se convirtió en la memoria del Holocausto, Imre Kertész, y ahora le llegó el turno a otro peso pesado, László Krasnahorkai.
Pero no podemos dejar de mencionar al gran Sándor Márai, todo un acontecimiento de la narrativa europea del siglo XX, ni a la extraordinaria Magda Szabó, cuya obra maestra La puerta fue llevada al cine con muchísimo éxito, y solo por no alargar las menciones, al novelista cuya saga sobre la familia más antigua de Hungría, Los Dukay, se considera el clásico de la literatura húngara, Lajos Zilahy.
Es decir, que el actual Nobel es heredero de una encomiable tradición.
De entrada, se puede decir que Melancolía de la resistencia, curiosamente publicado en el año de la caída del muro de Berlín, sería el libro menos adecuado para iniciarse en la obra del autor de Gyula-Hungría. Esto en razón a la densidad y el prurito alegórico de su trama.
Es cuento ya viejo que cuando lo extraño irrumpe en una comunidad, sacude sus cimientos, produce efectos inesperados y hasta desencadena la tragedia.
Ejemplos de cómo reaccionamos ante lo extraño, lo de afuera, son El ahogado más hermoso del mundo, de García Márquez; Esperando a los bárbaros, de Coetzee; Diario del año de la peste, de Defoe; Ensayo sobre la ceguera, de Saramago; y El nombre de la rosa, de Eco.
Son parábolas sobre el constante combate que se da entre las fuerzas del orden y el caos.
Para el caso de la primera novela del Nobel de 2025, un circo llega a una ciudad húngara exhibiendo el cadáver de un cetáceo y, como consecuencia, los habitantes entregados a la molicie se desquician.
Incendios, robos, saqueos y linchamientos son testimonio de que cuando a los humanos se les salta el seguro, le dan inmediatamente la razón a Kant respecto a nuestra inclinación natural al mal y a Fromm respecto a nuestra propensión a la violencia.
Pero habrá que esperar hasta el final, cuando, a propósito del asesinato de una de las protagonistas, la señora Pflaum, el narrador nos regale sus páginas del discurso alucinante y ubérrimo en poiesis; una descripción química de “Mors”, la muerte física, siniestra, tal vez, que en el resto de sus novelas será la marca de su hipnótica escritura.
Diecisiete relatos comportan el volumen Y Seiobo descendió a la tierra, todos caracterizados, en lo formal, por un peculiar uso de la puntuación.
Al igual que Saramago y Fosse, el escritor magiar también es refractario a usar el punto, con lo cual el lector tiene que adaptarse a otro ritmo de lectura, a una especie de apnea sintáctica.
En este libro se nota el cosmopolitismo de Krasznahorkai —ha vivido en países como China, Mongolia y Japón— que literariamente deviene exotismo muy acentuado, por ejemplo, en su novela Al norte la montaña, al sur el lago, al oeste el camino, al este el río, homenaje literario a la cultura Heian del siglo X, producto de su estancia en Kioto.
Es difícil encontrar en cualquier literatura un libro tan lírico, deslumbrante y exótico como Y Seiobo descendió a la tierra, en el que el lenguaje es absoluto protagonista.
En él convergen las tres clases de poesía según Ezra Pound: melopoeia, phanopoeia y logopoeia.
Por sus páginas discurre toda una estética, reflexiones y descripciones sobre las artes, sobre todo arquitectura, pintura y música.
Respecto a la arquitectura árabe, sobresale la evocación de la Alhambra.
Respecto a la pintura renacentista, el autor se detiene en Il Perugino y en la Pala Tezi.
Respecto a la música barroca, la reflexión gira alrededor de Johann Sebastian Bach y el aria Quia respexit humilitatem del Magníficat.
Quede claro, entonces, que no se trata de una novela, ni de una serie de cuentos, ni de un poemario, sino de una obra literaria muy sui géneris, un género en sí misma, escrita con no menos erudición que imaginación.
Relaciones misericordiosas / Relatos mortales
Comporta junto con Seiobo la producción del autor en cuanto a piezas cortas se refiere y su calidad no disminuye en comparación a su talante como novelista.
Leídos con atención dejan traslucir una gran universalidad por la forma como dialogan con textos de diversas literaturas.
Cuatro relatos califican para magistrales dentro del género: La trampa de Rozi, El buscador de emisoras, Calor y En manos del barbero.
Aparecen referencias y diálogos con Borges, Cortázar, Spinoza, Dostoievski, Hernando Téllez y García Márquez.
En Guerra y guerra, Krasznahorkai desplaza su ámbito narrativo de Hungría a los Estados Unidos.
Asistimos al truco cervantino del marco enmarcado, es decir, una narración dentro de otra.
La novela dialoga con El Quijote, de Cervantes, y con Tres noches, de Austin Wright.
Dos novelas de Krasznahorkai retoman la temática del actante que irrumpe en un lugar alterando el orden establecido.
En Tango satánico, esa irrupción genera expectativas incluso mesiánicas dentro de una comunidad sumida en la mediocridad y la molicie.
Tango satánico es la flagrante demostración de que, como se dice, pueblo chiquito, infierno grande.
En El barón Wenckheim vuelve a casa, un pueblo húngaro espera el regreso de un noble como si se tratara de un Mesías.
La novela dialoga con Crónica de una muerte anunciada, de García Márquez, y construye un poderoso imaginario colectivo de carácter mesiánico.
La novela es una clara alusión alegórica a cómo hay sociedades que viven siempre a la espera de que alguien o algo venga de afuera a cambiarles la vida.
Nada nos cuesta colegir, entonces, que la narrativa de este magiar a quien la Academia Sueca le concedió el Nobel “por su obra fascinante y visionaria que, en medio de un terror apocalíptico, reafirma el poder del arte”, nos alucina con su lenguaje y su imaginación.
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