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Carlos Mendoza Vélez
Carlos Mendoza Vélez.
Cultura

“Los latinoamericanos somos inteligentes y críticos, no nos conformamos, y por eso estamos volviendo a la poesía”: Carlos Mendoza, poeta y editor

Carlos Mendoza es abogado, escritor y editor. Acaba de publicar su poemario ‘Perro’ y sigue adelante con Hola en Blanco Editorial, proyecto con el que divulga la obra de escritores de América Latina.

Por: Eduardo Arias

Perro es el quinto poemario del abogado y escritor Carlos Mendoza Vélez, en el que describe la relación directa de un perro con su amo. En los poemas que componen la obra, el autor explora diversos aspectos de la condición humana. Lo publicó con el sello Isla de Libros. 

Nació en Cartagena y desde los 15 años vive en Bogotá. Se graduó de abogado y comparte mi tiempo entre el derecho y la literatura. Ya ha publicado cinco poemarios, y varios cuentos y microcuentos en diferentes medios. CAMBIO habló con él acerca de Perro y de Hoja en Blanco.

CAMBIO: ¿Cómo nació su gusto por la poesía?

Carlos Mendoza: Debo confesar que es un gusto tardío. Por años, la poesía me resultó muy complicada, incluso mientras cursé una maestría en Creación Literaria y tuve la oportunidad de aproximarme a la poesía desde la creación misma del poema. Desde la academia pude entender sus reglas y convenciones, al menos desde lo que la norma de cultura considera hoy en términos generales como poesía, pero siempre sentí que me quedaba por fuera del texto, que no captaba nada más allá de la literalidad de las palabras. Sencillamente, no conectaba. En ese entonces estaba comprometido con la escritura narrativa, en especial de cuentos y microcuentos. Curiosamente, fue precisamente ahí, en el microcuento, donde encontré el camino a la poesía. No directamente, sino a través de la lectura de un tipo de poesía japonesa denominada haiku. El haiku y el microcuento comparten elementos estructurales y eso me dio una clave de lectura que me permitió, por fin, ver más allá de la expresión material de las palabras. Además, al descubrir con el haiku que la poesía era algo más que un listado de figuras literarias entretejidas hábilmente, pude derribar ese muro que hasta el momento me impedía disfrutar de la poesía y, junto con la lectura apasionada de poesía, llegó también la escritura de poesía. Una relación natural que todo poeta conoce bien.

CAMBIO: Al leer algunos de sus poemas se siente una cercanía con la prosa, con el relato. ¿Qué lo decidió a usted para estar del lado del poema y no de la prosa?

C. M.: Creo que no me he decidido todavía y espero no hacerlo. En mis últimos escritos me he arriesgado a experimentar con traer a la poesía algunos de los elementos que permiten definir el cuento contemporáneo. Por ejemplo, en mi último poemario, Perro, publicado este año con Isla de Libros, la voz poética recae en un par de personajes, el perro y su dueño, con una clara intención poética que me permite situar la metáfora, ya no en el verso o el poema, sino en el poemario mismo. También me baso en aquella idea que afirma que en el cuento algo se debe contar, pero es más lo que no se debe decir. La idea es que el texto de los poemas y las imágenes poéticas aborden libremente los temas que atraviesan todo el poemario, como son las neurodivergencias, la fragilidad masculina, la volatilidad de las relaciones interpersonales, entre otros, al tiempo que los silencios y lo no dicho generen las resonancias que le permitan al lector conectar con el texto desde su propia sensibilidad. Esto es a propósito. Es una forma de levantar los linderos y dejar que la poesía se apropie de espacios que antes le habían sido negados.

CAMBIO: Una cosa es escribir y otra editar. ¿Qué lo ha llevado a crear el sello Hoja en Blanco?

C. M.: Hablando de hibridaciones, Hoja en Blanco Editorial es un proyecto de difusión literaria que se ubica en algún lugar entre el mundo de los colectivos literarios que se expresan a través del fanzine y las editoriales independientes que apuestan por proyectos con alto valor literario. Un grupo de amigos también escritores y yo vimos la necesidad de crear ese puente, de poner a dialogar esos dos mundos que se desarrollan muy cerca, pero que creemos deberían estar todavía más entrelazados de lo que hoy están. También vimos la necesidad de crear un espacio para que los escritores pudieran publicar sus obras y darse a conocer como autores con la clara intención de encontrar sus lectores naturales y editores dispuestos a confiar en su trabajo. Esos amigos depositaron en mí la confianza de dirigir el proyecto y de ser su editor general. Así, sin previo aviso, terminé desempeñando un nuevo papel en el mundo literario, con la responsabilidad que eso implica.

CAMBIO: Háblenos un poco de la editorial. Su filosofía, sus metas, sus distintas colecciones…

C. M.: Hoja en Blanco Editorial es un espacio para obras cuyo único requisito es que tengan valor literario, sin importar el género en el que puedan ser catalogadas, si es que pueden ser catalogadas del todo. No hay consideración adicional. Su nombre, irónico, hace alusión al síndrome del escritor que, presionado por intereses ajenos a lo literario, no da para escribir ni una palabra y queda paralizado ante la hoja en blanco. Es una forma de decirle a todos: sí hay literatura, aquí está.

CAMBIO: ¿Cómo circulan sus libros?

C. M.: La característica particular de este proyecto es que difundimos literatura dándole la espalda a cualquier factor económico o comercial. No cobramos por nuestros servicios editoriales ni pagamos regalías: los autores ponen a disposición del proyecto sus obras, que se publican protegidas por Creative Commons, y conservan completamente los derechos morales y patrimoniales sobre las mismas. Suena extraño, pero en eso creo que hemos acertado. Hoy Hoja en Blanco cuenta con 90 publicaciones, de 74 autores, provenientes de 12 países de habla hispana y de una autora de Italia con edición bilingüe. Todas esas publicaciones están disponibles para descarga gratuita desde nuestra página web.

CAMBIO: ¿Cómo han logrado financiar sus publicaciones?

C. M.: En 2022, Hoja en Blanco Editorial ganó la beca para proyectos editoriales comunitarios de Idartes, lo que nos permitió llevar al papel una primera colección de poesía conformada por seis libros, con un tiraje de 1.000 ejemplares cada uno, que fueron repartidos entre las principales librerías independientes de Bogotá para su distribución gratuita entre entusiastas y lectores de la poesía. En 2024 publicamos una segunda colección de siete libros de poesía, con un tiraje de 300 ejemplares cada uno, esta vez financiada a través de un crowdfunding, que regalamos a quienes mostraron interés en ella y a personas relacionadas de una u otra forma con el mundo literario nacional. Hoy estamos trabajando en una tercera colección de poesía y en encontrar las mejores rutas para financiar su publicación y lograr una difusión amplia.

CAMBIO: ¿Cómo ha sido para usted la edición independiente o libre, como la denomina usted?

C. M.: Las posibilidades de estar al frente de un proyecto que solo tiene en cuenta aspectos literarios me da una enorme libertad y esa libertad me ha permitido asumir riesgos editoriales y poder publicar obras que rara vez verían la luz en otros entornos. También el de poder ver de primera mano las obras de una gran cantidad de autores de tantos países diferentes, con su variedad de géneros y propuestas, es para mí un ejercicio muy enriquecedor. Es como poder probar el fermento vivo antes de los procesos de destilación. Eso es invaluable.

CAMBIO: ¿Podría darnos algunos ejemplos de obras publicadas por Hoja en Blanco?

C. M.: Una serie de dibujos y collages hechos por Giovanny Bautista, que considero tienen un gran valor poético. Una novela grafica experimental basada en el Quijote dibujada por Diego Molina. La poesía LGTBI+ de Yulieth Mora Garzón. Una obra de teatro censurada por contener una fuerte crítica política escrita por Maykel Rafael Paneque. La poesía en carne viva de Leandro Tarazona. Estos son algunos entre muchos otros ejemplos.

CAMBIO: ¿Qué dificultades han tenido?

C. M.: No es un ejercicio color de rosa. El esfuerzo por llevar a cabo todo el proceso editorial para poder publicar con calidad es muy grande y somos pocos. También es difícil encontrar fuentes permanentes de financiación que nos permitan ampliar el alcance de lo que hacemos. Hasta el momento lo hemos logrado y, pues, repito, un ejercicio color de rosas no es, pero sí es algo muy gratificante.

CAMBIO: ¿A qué factores cree usted que la poesía haya renovado su fuerza en Colombia y en América Latina?

C. M.: Creo que el primer factor relevante se encuentra en la profesionalización de la creación literaria. Algo que se dio en Estados Unidos hace 90 años en la Universidad de Iowa, ocurrió por primera vez en la región en 2008 en la Universidad Central de Colombia, tan solo un año después de que la Universidad Nacional hubiera creado un posgrado. Hoy, casi 20 años después, la oferta en toda Latinoamérica es grande.

Un segundo factor sería el fácil acceso a literatura de otras partes a través de libros y revistas electrónicas, así como de páginas y grupos especializados en redes sociales. Hoy estamos a un clic de obtener un ejemplar del último premio Pulitzer de poesía en su idioma original y de poder acceder a una traducción de la obra, así sea imperfecta. Ni qué decir del trabajo que hacen en la región La Raíz Invertida, Círculo de Poesía, Alter Vox Media y muchísimos otros, que te permiten leer en tiempo real lo que está pasando en la poesía de todos los países de Latinoamérica y el mundo.

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Algunas de las publicaciones de Hoja en Blanco.


El siguiente factor, y de la mano con los ya mencionados, sería el relevo generacional en cabeza de todo ese grupo de poetas que proponen, se arriesgan, se leen, se dejan influenciar por la poesía de todas partes, influencian con sus obras a otros, experimentan libremente, que tienen sus propias voces y registros, que llevan el lenguaje a tensiones que antes creíamos imposibles. Están haciendo cosas muy buenas, y se nota. La apuesta de las editoriales por publicar poesía y, en especial, a estos nuevos autores es algo que no se debe subestimar.

También debo mencionar el factor institucional. Nunca ha habido tantos estímulos, talleres, becas, premios y reconocimientos como hoy en día y nunca había sido tan fácil acceder a ellos.

Finalmente, y no tengo forma de salir indemne de lo que voy a decir, creo que es una reacción natural a la 'imbecilización' a la que hemos sido sometidos durante décadas. En medio de la tremenda frivolización de los medios culturales, de la masificación y la constante presión por agilizar su consumo con fines monetarios, de la banalización de su contenido para poder lograrlo, la poesía con su dificultad, su complejidad, con la necesidad de un lector activo que dedique tiempo para develarla, se convierte en el refugio natural para quienes buscan algo más. Los latinoamericanos somos inteligentes y críticos, no nos conformamos, creo que por eso estamos volviendo a la poesía.

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