
‘Serpiente de la ciénaga’, un camino para reencontrarse con la humanidad de los territorios
Luis González, artista visual barranquillero, presenta en Casa Fulgor una instalación de 300 chancletas rescatadas de los residuos sólidos que llegan a la ciénaga de Mallorquín. Esta muestra trasciende lo medioambiental y se centra en la humildad presente en los ecosistemas.
Por: Jesús Bovea
Sobreviviendo a la indiferencia de quienes observan sin detenerse. La ciénaga de Mallorquín, uno de los ecosistemas más representativos de Barranquilla, es también un espejo silencioso de las huellas humanas que se acumulan sobre el territorio. Entre residuos, agua salobre y relatos de pescadores, el artista visual barranquillero Luis González Vergara encontró el punto de partida para su primera exposición individual. Él es un artista visual y arquitecto que nació en Barranquilla en 1996. Se mueve entre la fotografía y la creación de instalaciones plásticas para investigar y cuestionar el desarrollo urbano, los entornos habitados y la crisis ambiental.
La muestra que se exhibe en la Casa Fulgor de Barranquilla reúne cerca de 300 chancletas rescatadas de la ciénaga, fragmentos de plástico que, tras un proceso de recolección y limpieza, se transformaron en una instalación de 80 metros de residuos sólidos convertidos en lenguaje artístico.
Más allá de una denuncia ambiental, la exposición propone una reflexión sobre las dinámicas humanas que habitan los márgenes de la ciudad y la manera en que el paisaje termina absorbiendo las costumbres, olvidos y excesos de quienes lo rodean, y lo hacen propio.
Pedazos de territorio
En su aproximación estética, González Vergara dialoga con referentes del arte moderno como Alfonso Suárez, retomando esa mirada que invita a descubrir nuevas dimensiones en escenarios aparentemente cotidianos, y que busca consecutivamente trascender en la forma en la que se entiende el entorno.
“Esta obra, Serpiente de la ciénaga, logra ubicarse de forma espontánea en el lugar en el que se encuentra por la razón de que pertenece al territorio, es decir, no surge de un proceso de pensamiento externo, sino del hacerse parte de una comunidad, de entender desde los hechos los territorios, y de conocer el fondo, y no solo la superficie”, dice.

Dentro de la exposición, Luis González no sólo se cuestiona la contaminación de la ciénaga, sino también la indiferencia con la que muchas veces se atraviesan estos territorios, planteando una invitación a mirar de nuevo, con más atención, aquello que durante años ha permanecido invisible frente a los ojos de todos. “En ella también hay un gran proceso de investigación creación que surge a partir de actividades ambientales y educativas con la comunidad, los cuales procuraban no solamente sostener el tejido social, sino también nuevas dinámicas de interacción con el entorno próximo de la ciénaga, reconociendo este como un eje de interacción lleno de vida que lucha, además, por sostener en sí mismo la preservación de los espacios compartidos en el sistema”.
Una serpiente enrollada
En ese relacionamiento con el espacio, el artista visual se plantea algo más allá de lo ambiental, y es la intervención de las ser humano en el ecosistema, es por ello que en su muestra se reúnen como resultados fotografías, videos, y las chancletas, como hilo conductor en un techo de pensamientos que se entrelazan en color y forma para crear un universo de ideas que plantea preguntas. “Cuando arranqué con la chancletas fueron elementos sueltos, sin sentido, luego el sentido mismos fue llegando en la medida de trasegar la información, de reconocer en los pies la huella de la información, una que solo se encuentra cuando se es capaz de involucrarse”.
En ese sentido, y al tener la muestra levantada, González lo que hace es meterse al agua, y encontrar en la combinación de dulce con salado, propio del ecosistema, no solo con basura, sino también con vida, un ecosistema que en el fondo produce, que sirve de incubadora para el río y el mar que se unen en el punto más cercano y que alimentan a toda la zona.
Asimismo, dentro de las fijaciones que destaca, es el territorio más allá del cuerpo de agua, basado en la comunidad, y cómo se convierte en un deber de cuidado no sólo convivir sino preservar la identidad y la continuidad de la vida. “En todas sus expresiones, el arte puede interpretarse en completa libertad. Sin embargo, la mirada más específica que debemos considerar con esta muestra es que a ver más allá, a dejar de dar por sentado lo que conocemos, y a entender que los espacios en los que nos desarrollamos, mayoritariamente los rurales, no son solo postales, sino ecosistemas vivos que lucha por permanecer a través de la humanidad de quienes lo habitan”, concluye.
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