
La pasarela 'Ritual' de Red Somos, una celebración de la diversidad
La moda también es un terreno fértil para la reflexión acerca de la diversidad y de los derechos de las comunidades tantas veces discriminadas o victimizadas. La pasarela Ritual, de la Red Somos es prueba de ello.
Por: Maria Clara Salive
El cuidado del cuerpo es un tema que parece tajantemente separado del lenguaje banal del consumo de la moda que se ha encargado de cubrirlo con telas que pocas veces nos recuerdan la vulnerabilidad, la transformación o el culto a la diferencia.
Sin embargo, la organización Red Somos organizó la pasarela 'Ritual, cuerpo y memoria' como parte de las actividades culturales del Pride 2026, con diseñadores y un taller de creación pensado para personas LGBTIQ+, que conviven con el VIH y migrantes. Iniciativas como esta le dan otro sentido a este tipo de escenarios y espacios, demostrando que en la teatralidad del cuerpo se tejen discursos y que coser es una forma de fortalecer lazos de solidaridad y de expresión.
Red Somos fue fundada en Colombia en 2007 como una organización de base comunitaria que trabaja por el reconocimiento de la diversidad sexual y el fortalecimiento comunitario. A través de procesos de investigación social e incidencia política, acompaña activamente a personas LGBTIQ+, así como a aquellas que viven con VIH y población migrante o refugiada en contextos de vulnerabilidad.
Quienes vimos recorrer la pasarela en el patio de la Casa de los Derechos, hoy Museo del Traje de la Universidad de América y gracias al apoyo de Catalina Plazas, directora de extensión, nos dimos cuenta de que los vestidos y accesorios estaban ahí como una manera de reflexionar sobre el cuerpo y mostrar la diversidad.
En palabras de Zoe María Fajardo, una de las líderes de esta iniciativa, quienes participaron exploraron elementos de la identidad y desde el proceso de ideación, diseño y confección de las prendas, “hacen catarsis de su ser y de su cuerpo” mediante telas recuperadas que les dieron sentido a los diseños.

Los personajes que circularon por el espacio, modelos profesionales o las mismas personas que habían creado los trajes, hicieron una expresiva puesta en escena, mientras Jesús Adelvi, gestor cultural de Red Somos, contaba el sentido de cada vestido. Palabras como herencia, fisura, mutación y liberación, se sumaron a la resignificación de sus historias. Lo anterior hizo que las personas de la comunidad LGBTIQ+ afirmaran, desde la estética, que siguiendo a Marcel Ponty, “no tenemos cuerpo, somos cuerpo, y por ello deshacerse del yugo de los prejuicios y las miradas críticas es poder habitar libremente esa idea de sí mismos, vestirse como lo deseen, no solo en el marco de un desfile de este tipo, sino en el lugar que prefieran”.
El vestido que habitamos y que inevitablemente es una herramienta de comunicación individual y colectiva, nos invita a cuestionarnos sobre la carga impuesta por la sociedad que establece sus connotaciones más evidentes. Una de las más fuertes es la del género, en la medida que, desde el vientre, donde se anuncia el sexo biológico, ya se nos impone comportarnos. Es decir, vestidos de rosa o de azul por el resto de la vida. Las nuevas generaciones lo entienden de otra manera. Se comienza a plantear un lenguaje neutro, esos eyes que no se definen o los que definitivamente transitan de hombre a mujer o de mujer a hombre son la base para pensar también el vestido y el cuerpo de otra manera.
Lo anterior se refleja en las colecciones genderless que lanzan algunas marcas tanto de alta moda como de 'fast fashion' y en la tan vanguardista falda-pantalón que utilizan algunos hombres para connotar que la mirada rígida sobre lo masculino y lo femenino está cambiando. El género, como lo enuncia Judith Butler, es una construcción cultural performativa que no puede reducirse a lo binario. Por eso, la necesidad de realizar marchas y alzar la bandera arcoíris en todas partes. Porque aún es mucha la discriminación, las agresiones y las afirmaciones homofóbicas a las que esta comunidad tiene que enfrentarse.
Ya no se habla de inclusión, como lo subraya Zoe mientras estamos conversando. “Se trata de pensarnos desde la diferencia y brindar las mismas oportunidades a la población LGBITQ+ en todos los espacios sociales y económicos que sea posible”.
Cuando Red Somos decide crear esta asociación en el barrio La Candelaria –en el que precisamente se organizó el 26 de junio de este año la pasarela Ritual– exhiben las prendas ratificando una poética de la individualidad, pero del trabajo colectivo y de la memoria en que se inspiraron para crear. También en la conciencia ambiental, al darle otra oportunidad a la ropa usada. Más que pensar en el mercado de la moda, expresar la necesidad de abrir espacios de reflexión sobre el respeto a la diferencia.
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