
Álvaro Diego Gómez, el tejedor del esculturas
‘Trama Espacial’ es una muestra del artista colombiano Álvaro Diego Gómez Campuzano, quien en sus obras ha logrado transformar el tejido en un lenguaje escultórico que dialoga con la arquitectura, el espacio y la memoria.
Por: Eduardo Arias
La exposición Trama espacial reúne obras que Gustavo Diego Gómez Campuzano ha realizado a lo largo de más de cinco décadas y permite conocer la evolución de uno de los referentes del arte textil contemporáneo en Colombia. Curada por Jaime Cerón y Elías Doria, la exposición ofrece una lectura de la trayectoria de Gómez Campuzano desde la relación entre arquitectura, materialidad y percepción, destacando la capacidad del artista para transformar la trama en un principio de organización del espacio.
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Álvaro Diego Gómez Campuzano nació en Bogotá en 1956, donde actualmente reside y trabaja. Estudió en la Universidad Javeriana entre 1973 y 1978. Paralelamente, cursó estudios de cerámica y arte entre 1974 y 1977. Después complementó su práctica artística con formación en talleres de escultura en metal y fundición bajo la técnica de la cera perdida. En 1973 fundó el taller El Huso junto con el diseñador de modas Carlos Laserna. Ha presentado muestras icónicas como De vuelta al hilo en Henrique Faria Fine Art en Nueva York (2021), Espacios ceremoniales en el Skandia Cultural Center (2008), lo mismo que grandes antológicas en museos como el de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Sus obras forman parte de los catálogos de varios museos en Colombia y el mundo. CAMBIO habló con Elías Doria acerca de esta exposición y del artista.

CAMBIO: ¿A qué se debe su interés y el de Jaime Cerón en la obra de Álvaro Diego Gómez?
Elías Doria: Encontramos en su obra, y es una de las tesis centrales de la muestra, probablemente al artista que contribuye definitivamente a dar el salto de una noción ''instalativa' del lenguaje textil en Colombia.
Su obra, más allá de separarse en varios momentos del muro, no se reduce a ese gesto, sino en la posibilidad de construir verdaderas situaciones espaciales. Es decir, de orden, de experiencia y también de orden de lo experimental, donde la materia se expande y el tejido no solamente se sitúa en una idea de lo textil como materia blanda, sino incluso en encontrar materialidades presuntamente disímiles a lo que se entiende como tejido, como podrían ser bandas transportadoras o cultivar musgo en piedra y óxido.
Ese tipo de ejercicios en realidad están expandiendo una idea de lo que sería el textil en Colombia. Nos interesa mucho una obra rigurosa que se ha establecido y mantenido durante más de cinco décadas y que ha estado presente de una manera muy discreta en la escena nacional y ha encontrado ecos en escenarios de orden internacional como bienales, museos, colecciones privadas y galerías como Henrique Faría, en Nueva York, que hoy en día lo representa. Creemos que es un artista fundamental para entender el arte colombiano de fin de siglo y cambio de milenio.

CAMBIO: ¿Qué destaca usted de la trayectoria de este artista? ¿Cómo ha sido su evolución, su recorrido?
E. D.: Destaco que su trabajo, por ejemplo, concilia muy bien dos de sus principales intereses. Por una parte, lo espacial, que quizá tiene un origen en su formación como arquitecto de la Universidad Javeriana: un pensamiento persistentemente espacial que se conecta mucho con un pensamiento arquitectónico. Por otro lado, es un artista que por su interés desde joven en el textil se articula con artesanos y con gente asociada al mundo de la moda, llegando a fundar en la década de los 70 el taller El Huso, un proyecto que generaba redes cooperativas entre diseñadores de moda, diseñadores textiles, artesanos y gente que se estaba preguntando sobre el textil desde un pensamiento plástico.
CAMBIO: ¿Qué obras se presentan en esta exposición?
E. D.: El recorrido que se plantea con esta muestra empieza con una obra de 1976, que coincide justamente con la época en la que hace parte del taller El Huso y donde se empieza a ver la pregunta del textil cruzado con una tradición pictórica de orden abstracto en el que también se pueden encontrar ciertas resonancias con movimientos internacionales como el minimalismo y el cinetismo venezolano, pasando por una de las instalaciones centrales de la muestra, que es una obra de 1984 que produce en el museo Alejandro Otero en Caracas y en la que construye un gran panel que, a modo de espacio ambiental, se despliega en el espacio como una suerte de dibujo tejido, que indudablemente tiene mucha conexión con el movimiento cinético.
No es gratuito que su obra tenga una gran recepción en Venezuela. Los cinéticos se preguntaban sobre el espacio, cómo construir espacialidades y no es gratuito cuando uno comprende que estuvieron fuertemente involucrados con obras de gran infraestructura o proyectos civiles como hidroeléctricas o aeropuertos, que se entienden como una suerte de obras civiles artísticas monumentales. A propósito de ese trabajo que estoy mencionando de 1984, es la primera vez que se exhibe en Colombia, y la segunda vez en el mundo. Es decir, lleva 42 años guardada en su estudio y pudimos reconstruirla especialmente para esta muestra.
En la exposición pasamos por los años 90, donde el artista tiene fuertes preguntas en torno a la materia. Entonces trabaja con bandas transportadoras, con óxido, con material biológico, con piedras, construyendo entramados con piedras.

Hay un salto material y de orden plástico que concluye, por ejemplo, con una obra reciente que es Rutas de libertad, que se despliega como una gran instalación penetrable de tejidos de polipropileno negro que alude, por ejemplo, al bordado y al tejido en un sentido más tradicional. Cientos de capas entretejidas configuran una especie de escultura rígida que en el espacio parece maleable, pero es supremamente pesada y voluminosa.

CAMBIO: ¿Podría decirse que esta exposición es una retrospectiva?
E. D.: Más que una retrospectiva es una revisión antológica. Es un homenaje a la trayectoria de un gran artista. Es un abrebocas panorámico de un trabajo que tiene muchas capas, que plantea muchas preguntas y que ha estado de alguna forma silente en la historia del arte colombiano. Presente, pero silente, discreto.
Es un abrebocas a lo que a posteriori podría ser un proyecto de una escala mucho más grande y que permita de una vez por todas hacerle un reconocimiento desde las colecciones de arte moderno y contemporáneo en Colombia de orden institucional a quien consideramos un pionero del lenguaje textil en el arte contemporáneo colombiano.
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