
Marco Aurelio, el emperador filósofo
'El sueño de Marco Aurelio', de Fréderic Lenoir, es un libro que no sólo habla sobre la vida del emperador sino también sobre su incidencia en el estoicismo, una corriente filosófica que se gestó en la antigua Grecia y que hoy ha cobrado de nuevo gran relevancia.
En la estupenda película Gladiador, de Ridley Scott, aparece el emperador Marco Aurelio y quien es asesinado por su hijo Cómodo. En este libro del filósofo y divulgador Fréderic Lenoir se hace referencia a ese hecho, pero el autor lo descarta porque es una mera especulación, y no ha sido probado. Se pueden leer libros sobre personajes romanos, rigurosos, confiables -sin ficción-, pero igualmente amenos y apasionantes como lo es El sueño de Marco Aurelio, que no sólo nos habla sobre su vida sino sobre su relación y sus aportes al estoicismo, una filosofía que nació en la antigua Grecia y 2.300 años después sigue vigente. Su mensaje es sencillo y su propuesta es difícil de ignorar: ¿Cómo aprender a vivir mejor? “Cava en tu interior. Dentro se halla la fuente del bien, y es una fuente capaz de brotar continuamente, si no dejas de excavar”.
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Marco Aurelio pertenecía a una familia patricia, lo cual no era suficiente para ser emperador. El poder imperial se heredaba y el guiño vino de Adriano: ordenó que su sucesor, Antonino, lo adoptara. El padre de Adriano, un pretor (magistrado), había fallecido. Cuando supo su destino, no se alegró y le hizo a su familia una larga disquisición sobre las cosas malas que trae el poder. Sin embargo, lo asume y llegará a ser un gran emperador que mantuvo en pie el imperio romano, pese a las adversidades: la traición de Casio, un importante general en Siria; el asedio de los germanos en la frontera del Danubio; una devastadora epidemia; hambrunas; una creciente del Tíber que casi acaba con Roma; la infidelidad notoria de su esposa, Faustina, a quien amaba, y luego su repentina muerte; su decepcionante hijo y sucesor, Cómodo. Marco Aurelio asumió su papel de emperador, aunque no le gustaba la pompa ni el lujo romano, ni su deporte preferido: la lucha de gladiadores. De ahí su atracción por la filosofía estoica y uno de sus postulados más importantes, el amor fati, la aceptación amorosa del destino. “Actuar con justicia, pensar con rectitud y aceptar con serenidad lo que no depende nosotros”.

La filosofía estoica había nacido en Grecia en el año 301 antes de nuestra era. Bajo un pórtico (pórtico es stoa en griego, y de ahí el nombre de 'estoicismo'), Zenón de Citio enseñaba que la felicidad y la desdicha no residen tanto en las cosas en sí, sino en la representación que nos hacemos de ellas. Esta escuela, al igual que el epicureísmo, no pretendía crear un complejo sistema filosófico; más bien, un arte de vivir según la razón, la justicia y la templanza. El filósofo como una persona que desea la sabiduría. Se inspiraban en Sócrates, el hijo de la comadrona, que recorría las calles de Atenas y se consideraba como un modesto partero de almas. Decía Plutarco: “Sócrates no hacía disponer gradas para los auditores, no se sentaba en una cátedra profesoral, no tenía horario fijo para discutir o pasearse con sus discípulos. Pero a veces, bromeando con ellos, bebiendo, yendo a la guerra o al Ágora con ellos y, por último, yendo a la prisión y bebiendo el veneno, filosofó”.
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Dichas escuelas prosperaron durante los tres siglos siguientes (periodo helenístico), pero con la dominación de Roma desde el siglo I, decayeron, excepto el estoicismo, que fue acogido por las elites romanas y tendrá con Séneca y Epicteto dos grandes exponentes. Este último, un esclavo liberto de Frigia (actual Turquía), nacido 71 años antes que Marco Aurelio, se convertirá en su pensador de cabecera.
Marco Aurelio muere la noche del 17 de marzo de 180. Su guardia personal recoge un cuaderno en el que el emperador escribió pensamientos para sí mismo durante los diez últimos años de su vida, en las pausas que le dejaban las campañas militares lejos de Roma. Breves frases, sentencias, reflexiones, que se consideran la médula de la filosofía estoica. No tenía título ni orden alguno en los doce libros (capítulos) que lo componen y que hoy conocemos como Meditaciones. Estaba escrito en griego, idioma que dominaba. Los romanos educados utilizaban el griego para la cultura y el latín para la política. Lo escribió para sí mismo, no para convencer a nadie. Quizás por eso son tan persuasivas y es el libro más leído de un filósofo de la antigüedad. “Resume todo lo bueno que hubo en el mundo antiguo y ofrece a la crítica la ventaja de presentarse a ella sin velo, gracias a una escritura íntima de una sinceridad y una autenticidad incontestables”, dijo Ernest Renan.
Las Meditaciones, salvadas milagrosamente, tuvieron que esperar hasta el siglo X para salir del ámbito privado durante el imperio bizantino y luego hasta el Renacimiento para entrar a formar parte del legado cultural. Grandes escritores y pensadores disímiles -Flaubert, Schopenhauer, Tolstói, Chéjov, Cioran, Simone Weil- han sido marcados profundamente por su lectura, pero también gente corriente que simplemente busca en los libros un refugio mental para combatir el estrés moderno. Y sí, es útil en cualquier época alguien que enseñe el dominio de sí mismo, a no dejarse arrastrar por nada, a mantener el buen ánimo en todas las circunstancias y especialmente en las enfermedades, a creer en el amor a la familia, la verdad, la justicia, la equidad y la libertad de todos los seres humanos. A ser, en definitiva, un filósofo que pone en práctica su filosofía.
El Sueño de Marco Aurelio
Fréderic Lenoir
Deusto, 2024
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