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Cultura

El siglo de Álvaro Mutis

Hace cien años, el 25 de agosto de 1923, nace en Bogotá Álvaro Mutis y de muchas formas se trata de una celebración que nos involucra a sus lectores porque, como bien lo dijo su amigo Gabriel García Márquez “Maqroll somos todos”.

Por: Federico Díaz Granados

Hace cien años, el 25 de agosto de 1923, nace en Bogotá Álvaro Mutis y de muchas formas se trata de una celebración que nos involucra a sus lectores porque, como bien lo dijo su amigo Gabriel García Márquez “Maqroll somos todos”. Además, sin duda, la obra de Mutis hace parte de un paisaje que nos pertenece, a una zona cafetera que nos identifica y nos entrega un canto fundacional de un mundo que naufraga entre nuestra vegetación y clima. La creciente, el primer poema de Mutis, ya nos da las pistas de un furor y obsesión por el destino de un trópico, que, a pesar de su fracaso, es una suerte de paraíso en ruinas que esconde una luz y unos colores que revelan un mundo diferente, lleno de mitos y palabras.

Cuando Álvaro Mutis publicó Los elementos del desastre en 1953 ya tenía para entonces una voz propia y un acento original que cargaba unas fuentes muy claras que iban desde los tonos épicos y declamatorios de Jorge Zalamea y de las traducciones que este hizo del premio nobel Saint-John Perse, de la poesía española que le había mostrado Eduardo Carranza, Walt Whitman y de los momentos más altos de Residencia en la tierra de Pablo Neruda. Cinco años antes, el 8 de abril de 1948, había salido de la imprenta de los Talleres Prag el libro La Balanza en coautoría con Carlos Patiño Roselli. Un día después Bogotá ardía en llamas y con ella la mayoría de los doscientos ejemplares que alcanzaron a estar en algunas de las librerías del centro de la ciudad. Como bien lo menciona el poeta y ensayista Santiago Espinosa en su ensayo Álvaro Mutis, epifanías de la lluvia: “Salvada la coincidencia podríamos decir que un país distinto nacía de las llamas, también una nueva poesía. La aparición de Los elementos del desastre, en 1953, confirmaría este suceso. Nunca antes había sido la poesía colombiana tan compleja en sus sensaciones, tan hondamente material”. Precisamente de esas cenizas del nueve de abril no solo Colombia se fragmentaba para siempre, sino que algo nuevo nacía en su literatura, una nueva forma de asumir la voz poética a la altura de lo que ocurría en diferentes rincones del continente. Si la poesía colombiana era considerada conservadora y poco arriesgada, la voz de Mutis se impondría desde ese momento como un aire renovador, fresco, donde el paisaje tropical y la tierra caliente se enunciaban desde un castellano limpio, lleno de una fuerza distinta e inesperada como ningún poeta la tenía por aquellos días. Allí surgía el espíritu de la generación de Mito con Jorge Gaitán Durán llamando a la insurrección desde los micrófonos de la Radiodifusora Nacional de Colombia. Ese día, entre escombros y cenizas aparecía un asomo de los que sería nuestra verdadera modernidad. Gaitán Durán, Cote Lamus, García Márquez huyendo de su pensión bajo el humo y los ejemplares de La Balanza “agotados por incineración” eran la brújula de un tiempo que llegaba.

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Foto: Colprensa-externos

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