
El riesgo para Colombia de una reconstrucción lenta en el Valle: la economía que concentra el 65 por ciento de los daños del terremoto
El Valle del Cauca concentra buena parte de las pérdidas del terremoto y es uno de los motores económicos del país. El reto de la reconstrucción no es solo cuánto costará levantar lo perdido, sino cuánto tiempo tomará, para evitar un golpe al tejido productivo de la región y a la economía nacional.
Por: Juan David Cano
El terremoto de magnitud 7,4 del 10 de agosto dejó pérdidas físicas directas estimadas en unos 30 billones de pesos en cinco departamentos del occidente y centro del país. De ese total, 19,5 billones corresponden al Valle del Cauca, es decir, casi dos de cada tres pesos destruidos. El cálculo es de Ingeniar: Risk Intelligence, firma que modeló los daños en edificaciones e infraestructura y que estima 16 billones de pesos en pérdidas en construcciones y 3,52 billones en infraestructura en el departamento.

El dato muestra la magnitud del problema. El Valle concentra la mayor parte de los daños materiales es también la tercera economía del país. Allí viven más de 4,5 millones de personas según el Dane, y muchas de ellas están vinculadas a un tejido empresarial que deberá recuperarse para que la región pueda retomar su actividad. La duda es cuánto costará reconstruir lo perdido y cuánto tiempo tomará hacerlo para evitar que las demoras afecten no solo al departamento, sino también al resto del país.
Lo que se mueve por el Valle
La relevancia del departamento no se explica solo por su tamaño. En 2025, según el Dane, el Valle aportó 180 billones al Producto Interno Bruto de Colombia en 2025, el valor de todo lo que produce una economía en un año. Esto equivale al 9,8 por ciento del total nacional ese año.
Invest Pacific, la agencia de promoción de inversión de la región, explicó a CAMBIO que el Valle concentra alrededor del 17 por ciento de la industria y el 22 por ciento de la agroindustria nacionales, y que allí operan siete zonas francas, áreas con régimen tributario y aduanero especial, responsables de cerca de la cuarta parte de las exportaciones que salen desde ese tipo de zonas en Colombia.

El problema es que el eslabón de esas exportaciones es Buenaventura, cuyo puerto resultó afectado. Según Analdex, el gremio del comercio exterior, el único puerto de gran calado del Pacífico colombiano mueve cerca del 30 por ciento del intercambio comercial del país y alrededor del 44 por ciento de la carga en contenedores. Pero ese engranaje se detuvo, lo que implica que Colombia está más presionada para vender o comprar productos.
Las terminales suspendieron operaciones para revisar su infraestructura y los derrumbes cerraron la vía de acceso; para el pasado 15 de agosto, la Terminal de Contenedores de Buenaventura operaba al 57,14 por ciento de su capacidad.
"Lo que tenemos en juego no es la competitividad. El Valle del Cauca no ha perdido competitividad. La competitividad de una región no se mide por la ausencia de dificultades sino por su capacidad institucional, productiva y logística para responder, y algo que debemos resaltar es precisamente esa respuesta activa y articulada de nuestras instituciones, gremios y tejido productivo para atender la reciente contingencia. Además, la base productiva que se ha desarrollado en el Valle del Cauca y que nos permitió posicionarnos como el tercer departamento más competitivo del país no desaparece por el sismo", explicó Juan Carlos Castro, director ejecutivo de Invest Pacific.

Esa base empresarial tiene nombres. Según el ranking de las 500 empresas más grandes del Valle de la Superintendencia de Sociedades y la Cámara de Comercio de Cali, esas compañías sumaron ingresos operacionales superiores a 148 billones en 2025, encabezadas por el Banco de Occidente. En los primeros lugares aparecen otras empresas esenciales para la producción de mercancías de la canasta familiar como Alimentos Cárnicos — conocida por sus marcas Rica y Cunit —, Manuelita, Italcol, Pollos Bucaneros, junto a otras empresas reconocidas como Colombina, Carvajal y Emcali.
Además, el Valle es el hogar de grandes industriales, como Tecnoquímicas (TQ), Nestlé y la Siderúrgica de Occidente (Sidoc), solo por mencionar algunas.
El daño que no aparece en las fotos y que dejó a miles de empresarios profundamente afectados
Y es que aunque el tejido empresarial no ha desaparecido, como menciona Castro, lo cierto es que sí resultó seriamente afectado. El sistema de cámaras de comercio empezó a medir el daño invisible.
Los primeros resultados del Censo Único de Emergencia, coordinado por Confecámaras a partir de una solución desarrollada por la Cámara de Comercio de Cali, muestran que el 85,8 por ciento de las empresas encuestadas reportó algún tipo de afectación y que el 48,4 por ciento de las afectadas no puede operar. Casi la mitad de esos casos, el 49,6 por ciento tiene un nivel de afectación grave o crítico.

El golpe se concentró en los más vulnerables: el 91,9 por ciento de las empresas afectadas son microempresas y el 87 por ciento pertenece a comercio y servicios. El 72,9 por ciento registra pérdidas inferiores a 20 millones, cifras pequeñas en un balance nacional pero suficientes para cerrar un negocio.
La Cámara de Comercio de Cali habló con CAMBIO y precisó que la plataforma registraba 12.006 empresas afectadas en Colombia, 5.188 en el Valle del Cauca y 1.230 en Cali. Y advirtió que el problema central no es la fachada rota sino la operación detenida:
"Lo más preocupante es el impacto sobre la capacidad de operar. En la jurisdicción de la Cámara de Comercio de Cali encontramos que cerca de seis de cada diez empresas que reportaron su situación operativa no podían funcionar con normalidad. Esto significa interrupción de ventas, menores ingresos, dificultades para atender clientes y, en algunos casos, riesgos sobre la sostenibilidad del empleo", dijo.

La entidad sostiene que el contagio ya salió del perímetro de los escombros: "Una de las principales conclusiones es que el impacto económico va mucho más allá de los daños visibles en edificaciones o infraestructura. Muchas empresas que no tuvieron afectaciones estructurales importantes están enfrentando dificultades derivadas de la interrupción de cadenas de suministro, problemas logísticos, reducción en la movilidad de clientes y disminución de la demanda".
Empresarios que requieren ayudas de un estado desfinanciado
Por eso, en el censo el 62 por ciento de los empresarios respondió que necesitan capital semilla o recursos no reembolsables, es decir, plata que no haya que devolver, pero no solo para reconstruir sus negocios sino para mantener sus obligaciones y preservar los empleos de sus colaboradores.
El pasado 19 de agosto, nueve días después del sismo, el Gobierno de Abelardo de la Espriella firmó el Decreto 1261, que declaró el Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica por 30 días y le permite expedir decretos con fuerza de ley sin pasar por el Congreso para ayudar en la emergencia.
Y entre las rutas que enuncia la norma están subsidios temporales para cubrir parte de los salarios y aportes de las empresas afectadas, líneas de crédito con tasas subsidiadas y periodos de gracia para micro y pequeñas empresas, y ajustes al mecanismo de Obras por Impuestos.

Pero lo cierto es que el Gobierno enfrenta la crisis con una situación fiscal apretada y recursos limitados para atender la emergencia. Según señaló el propio De la Espriella, el déficit fiscal, es decir, el exceso de gastos del Estado frente a sus ingresos, llegaría al 7,8 por ciento del PIB, lo que equivaldría a cerca de 150 billones de pesos. Esto deja abierta la pregunta de dónde saldrán los recursos necesarios para atender la magnitud de la emergencia.
Duda que no tiene tiempo mucho tiempo para resolverse, pues para la Cámara de Comercio de Cali, el margen de maniobra se mide en semanas:
"Mientras más tiempo permanezca interrumpida la operación de una empresa, mayor es el riesgo de que una afectación temporal termine convirtiéndose en una pérdida permanente de empleos, ingresos o incluso en el cierre de negocios que antes de la emergencia eran viables".
La entidad valora las medidas excepcionales del Gobierno, pero pone el acento en la ejecución: "El reto ahora es que estas herramientas puedan materializarse de manera eficiente y coordinada, con la participación de todas las entidades y actores responsables de su implementación".
El camino hacia la reconstrucción del Valle comienza por perder algunos miedos
Ahora bien, pese a tanto problema, vale la pena preguntarse qué caminos seguir para lograr una adecuada reconstrucción. Para Pavel Vidal Alejandro, doctor en Ciencias Económicas y profesor titular del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, lo primero es que todavía es temprano para dimensionar el impacto total, pero hay una distinción que conviene hacer desde ya para no leer mal las cifras que vienen.
"Hay que diferenciar el daño patrimonial del efecto sobre el PIB. El terremoto puede destruir viviendas, infraestructura y capital empresarial y generar un costo económico y social muy importante, sin que eso se traduzca en una caída de la misma magnitud en el PIB nacional", explicó a CAMBIO.
Vidal advierte sobre un espejismo estadístico previsible y es que pasada la fase de emergencia, la reconstrucción impulsa la inversión, la construcción y el gasto, y puede producir un rebote de la actividad, pero hay algunas objeciones.
"Eso no significa que el terremoto tenga un efecto positivo: detrás de ese mayor gasto existe una pérdida previa de patrimonio, además de costos sociales y posibles efectos de mediano plazo sobre la capacidad productiva", agrega.

El economista señala que el peso industrial del Valle lo hace especialmente sensible y cita la experiencia de Chile en 2010, donde la manufactura resultó uno de los sectores más golpeados por las interrupciones en producción, transporte y abastecimiento.
También menciona un efecto que suele quedar fuera de las cuentas: la suspensión del Festival Petronio Álvarez, cuya edición 30 estaba programada del 12 al 17 de agosto y fue aplazada por la Alcaldía de Cali, arrastra a hoteles, restaurantes, transporte y comercio.
Es por esto que propone que la reconstrucción se anticipe a todas estas afectaciones y no debería limitarse únicamente a reponer lo perdido. “La reconstrucción no debería limitarse a reponer lo que se perdió. El objetivo tendría que ser aprovechar ese proceso para que Cali y el Valle salgan con una economía más productiva y, sobre todo, más resiliente frente a futuros choques”, dijo.
Y añadió: “No se trata solamente de reconstruir edificaciones o infraestructura de salud y educación, sino de hacerlo con mejores estándares, mayor capacidad de respuesta y menor vulnerabilidad. También debería haber un componente muy fuerte de apoyo al tejido empresarial. Las empresas tienen que recuperar su capacidad productiva, pero al mismo tiempo mejorar sus planes de continuidad, diversificar proveedores, fortalecer su logística y prepararse mejor frente a interrupciones futuras”.
Invest Pacific, en cambio, propone para la reconstrucción atraer capital extranjero hacia infraestructura y servicios públicos, y estudiar incentivos tributarios nacionales y municipales, incluidas figuras como las Zonas Económicas y Sociales Especiales (ZESE), que otorgan beneficios de renta a empresas instaladas en territorios definidos.
"Este modelo podría acompañarse de una ley de incentivos tributarios para reactivar el tejido empresarial e industrial afectado: a nivel nacional, con beneficios en renta, aranceles de importación e incentivos a la exportación; y acompañarlo con impuestos a nivel municipal, con predial, ICA y avisos y tableros. Así, sería más atractivo para empresas nacionales e internacionales instalarse en estos territorios y aportar al desarrollo económico y social de los vallecaucanos, chocoanos, risaraldenses y quindianos, y esto no solo para empresas nuevas sino también para las empresas que ya están en estos departamentos", explica Castro.
"Cali y el Valle han enfrentado en pocos años choques muy distintos: la pandemia, el estallido social y los bloqueos en 2021, y ahora el terremoto. De todos esos episodios se pueden extraer aprendizajes. La reconstrucción debería convertir esos aprendizajes en capacidades permanentes para empresas y sector público", añade por su parte Vidal.

Por ahora, los expertos coinciden en que el daño material ya está relativamente cuantificado y se concentra en el Valle del Cauca. El riesgo más inmediato está en la capacidad de miles de pequeñas empresas para mantener sus operaciones. Por ello, el resultado de la recuperación dependerá menos del monto de los recursos que se movilicen que de la rapidez y coordinación con que lleguen.
"La recuperación empresarial es una tarea que requiere la articulación de todos. El Gobierno Nacional ha dispuesto instrumentos excepcionales; ahora debemos trabajar conjuntamente para que esas herramientas se conviertan rápidamente en soluciones para las empresas y los trabajadores afectados. Cada semana que logremos anticipar la recuperación será una oportunidad para preservar empleos, mantener empresas viables y acelerar la recuperación económica y social de la región", concluye la Cámara de Comercio de Cali.
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