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Justicia

Paz total con las bandas de Medellín: hablan los duros

Así aparecieron los voceros de las bandas de Medellín en la instalación de la mesa de diálogo en la cárcel de Itagüí.

CAMBIO estuvo en la cárcel de Itagüí en una jornada de trabajo de los voceros de las estructuras del Valle de Aburrá previa a la instalación del espacio de diálogo con el Gobierno. Así se vivió en la cárcel.

Por: Alfredo Molano

Ya se instaló la fase pública de diálogo entre las estructuras armadas del Valle de Aburrá y el gobierno de Gustavo Petro. Ocurrió tras nueve meses de reuniones en distintas cárceles del país, de mensajes que van y vienen, de traslados, disgustos y discusiones. Dos días antes de la ceremonia CAMBIO estuvo reunido en la cárcel de Itagüí con los 20 voceros de las organizaciones criminales y fue testigo de la preparación de la jornada.

El miércoles pasado, el ambiente en la cárcel de Itagüí era de nerviosismo y expectativa. Quienes en algún momento fueron los líderes de las estructuras armadas del Valle de Aburrá hoy son voceros de paz. Son hombres que se encuentran entre los 30 y los 60 años, con décadas de guerra encima. Una mañana cualquiera estarían planeando cómo cobrar una extorsión, pagarse una deuda con algún grupo enemigo, realizar un secuestro o limpiando las armas que por tantos años los acompañaron. Ahora dedican su tiempo de reclusión a construir caminos de diálogo y a idear estrategias para lograr acuerdos internos que los lleven unidos a una ruta de sometimiento que frene de una vez por todas medio siglo de violencia en el área metropolitana de Medellín, y a la vez sea el piloto de los intentos de paz urbana del Gobierno.

Nacieron con el contrabando, crecieron con el narcotráfico de Pablo Escobar, fueron parte del paramilitarismo y derivaron en la temida Oficina de Envigado, pero el miércoles pasado estaban nerviosos en el salón del Patio 1 concretando los últimos detalles del inicio de la fase pública de diálogos. Sin pensar en el significado simbólico, los otrora cabecillas de las peligrosas estructuras criminales empezaron el día con una jornada de salud visual. Para leer y escribir la mayoría necesita gafas, en buena parte, porque muchos de ellos llevan en sus ojos las marcas de la violencia. Algunos tienen afectaciones oculares evidentes por disparos, explosiones y accidentes de tránsito originados en fugas o atentados.

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