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SABER PERDER

SABER PERDER
Enrique Santos Calderón
Los Danieles

SABER PERDER

Lastimosa, aunque de alguna manera previsible, la negativa de Petro a reconocer la victoria electoral de Abelardo de la Espriella. Más lastimoso aún, y poco menos que absurdo, su argumento sobre «fraude electoral por vía algorítmica» con asesoría israelí. Saber perder es algo que no aprendió. 

Previsible también, aunque tal vez demasiado altisonante, la reacción del presidente electo al acusar a Petro de intentar «un golpe de Estado» y de bloquear el empalme porque no puede sentarse en la mesa «con una banda de golpistas y corruptos».  

Un fuego cruzado verbal que calienta las cosas y no facilita la transición armónica del poder que necesitaría De la Espriella. A menos que el Tigre prefiera un empalme a dentelladas, sería sabio que diera pasos de felino inteligente para garantizar un relevo tranquilo y ordenado. Como han sido todos los cambios de gobierno en Colombia en los últimos treinta años, después de padecer una tenebrosa etapa de terror y magnicidios.  

¿Quién puede olvidar que al actual ministro del Interior le asesinaron a su padre, Rodrigo Lara Bonilla, siendo ministro de Justicia, y al actual ministro de Hacienda, a su tío Álvaro Gómez Hurtado, líder histórico del Partido Conservador? 

Lara y Gómez son dos figuras del gabinete ministerial del futuro gobierno que, de alguna manera, ejemplifican un pasado al que no se puede regresar, en el que la desmesura verbal y la prepotencia personal hicieron mucho daño. Impensable sería, pues, que los escasos días antes de la transmisión de mando se prestaran para irresponsables arrebatos retóricos.  

Colombia lo ha hecho bien. Y lo hará mejor si esta inédita transición de un gobierno de izquierda a uno de derecha —de un Petro a un Abelardo— se cumple como debe ser. Sin aspavientos demagógicos de última hora. 

Viene una etapa en la que, más allá de posturas y verborreas, los actos de la administración que llega hablarán por ellos mismos. La gente sabrá evaluarlos, el gobierno defenderlos y la oposición juzgarlos. Con argumentos convincentes, se supone. 

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Decíamos atrás que, si resulta lamentable la forma como se despide de su cargo el presidente saliente, el entrante debe ser el primer interesado en que se cumpla un empalme que le permita asimilar bien la situación que hereda. En lo fiscal, la más grave de los últimos cien años, según el exministro Carlos Caballero Argáez.

Posesionarse en una guarnición militar en un país civilista no parece un acto gratuito. Es una afirmación innecesaria, pero algo más que simbólica, de la personalidad del nuevo primer mandatario, como lo confirma su perentorio ultimátum de noventa días a los grupos armados para su sometimiento incondicional a la justicia. Sería lo deseable, pero me temo que altamente improbable en ese lapso, lo que obliga a pensar en cómo orientará Abelardo su estrategia militar para asegurar tal objetivo, quizás más viable ahora, con la plena cooperación de Estados Unidos e Israel. 

En todo caso, se ha tomado el trabajo de individualizar a los cabecillas criminales que asegura que someterá pronto, y ha nombrado como ministro de Defensa al mayor general retirado Jorge Eduardo Mora López, quien ya dijo que el reto de los primeros cien días es reestructurar la política de seguridad del Estado y recuperar el control territorial.

El nuevo minDefensa es hermano menor del fallecido general Jorge Enrique Mora Rangel, con quien compartí negociaciones con las Farc durante el largo proceso que culminó con el Acuerdo de La Habana de 2016. Fue un guerrero que se la jugó por la paz, a veces a regañadientes, y que entendió que ganar la guerra va más allá de fijar plazos perentorios o emitir declaraciones rimbombantes.

Cabe esperar, en fin, que el gobierno que se posesiona el próximo 7 de agosto sepa evitar los errores y frustraciones que han acompañado tantos esfuerzos pasados por erradicar una violencia que hace tiempo dejó de tener pretextos políticos. El Tigre tendrá que demostrar que sabe dónde y cómo muerde. 

P. S. 1: Un cabecilla paramilitar requerido por la justicia, apodado «Bendito Menor», se pasea por el Magdalena y La Guajira liderando caravanas y enviando toda suerte de mensajes intimidatorios. Si las autoridades no han sido capaces de detener a un mafioso menor que se exhibe de manera tan descarada y provocadora, ¿qué se puede esperar de la cacareada ofensiva contra la ilegalidad armada?

P. S. 2: Se nota que la serie de reveses judiciales y administrativos sufridos últimamente por Donald Trump lo tienen al borde de un ataque de nervios. El último fue la condena civil que lo conmina a pagarle cinco millones de dólares a la periodista Jean Carroll por abuso sexual y difamación. Debió resultarle especialmente doloroso.

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