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LAS HORAS Y EL MUNDO

LAS HORAS Y EL MUNDO
Caminando por la décima
Los Danieles

LAS HORAS Y EL MUNDO

Beatriz Ordóñez anda muy filosófica últimamente. En sus décimas de esta semana intenta comprender el tiempo y el mundo. ¡Ni más ni menos!

Las horas se me confunden:
se borran si las escribo,
inciertas no las concibo,
en el reloj se difunden
y en mi cabeza me aturden. 
Sin embargo soy cumplida
porque no soy atrevida;
una cita se respeta
aunque vaya en bicicleta:
hay que ser acomedida.

El que dijo “el tiempo es oro”
era alguien bien entendido. 
Incumplir es atrevido;
cada segundo es tesoro;
sean cumplidos, les imploro. 
El que llegue tarde, ¡fuera!,
que suba por la escalera,
así sea mucho mejor
subir por el ascensor:
¡no lo merece siquiera!

¡La seño vive en Saturno!;
no hay que ser perfeccionista:
si yo voy donde el dentista
llego tarde y no me aturdo,
pues cuando llega mi turno 
y el doc dice “ya no es hora,
el turno es de otra señora”,
yo me largo muy feliz,
porque con ese desliz
fui sin dudas ganadora.  


Mundo que te quiero, mundo

Si al mundo no lo entendemos
es muy difícil vivirlo;
y es que como un chirlo birlo:
andamos como queremos
sin cuidar lo que queremos,
cada río, cada planta,
cada flor que nos encanta. 
Es un prodigio la vida
y dura mientras se cuida. 
Canta pajarito, ¡canta!

Hay quien anda diariamente
dedicado a sus antojos,
y va dejando despojos 
como matón inclemente. 
El maltrato es permanente. 
El planeta es nuestra casa
y lo que a ella le pasa
afecta a cada ser vivo. 
Nuestro actuar es decisivo. 
¿Dejaremos la carcasa?

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