
La confirmación de la muerte de Naín Andrés Pérez Toncel, conocido en el mundo del hampa como ‘Bendito Menor’, de 27 años, llegó en la madrugada del pasado viernes 4 de septiembre. Horas antes, una unidad de la Dirección de Investigación Criminal e Interpol (Dijín) lo rastreó hasta una casa en el barrio José Arnoldo Marín, cerca al aeropuerto de Riohacha, donde se desarrolló la operación ‘Centinela de la Patria’. Según la información entregada por las autoridades, cuando el grupo de operaciones especiales de la Dijín ingresó a la casa, fue recibido con disparos por parte de los ocupantes, lo que provocó un intercambio de fuego. El resultado fue la muerte de ‘Bendito Menor’; alias La Bebecita, su compañera sentimental e integrante de su círculo cercano; alias El Tío, señalado como cabecilla logístico, y alias Casiloco, identificado por las autoridades como responsable del componente financiero del grupo.
Extrañamente, horas antes de su muerte, ‘La Bebecita’, Rosa Angélica Tarazona, estaba en una audiencia virtual con la Fiscalía aceptando un preacuerdo por concierto para delinquir, que contemplaba una condena de 36 meses de prisión. La mujer había sido capturada en septiembre de 2025 y estaba en detención domiciliaria, medida que, según las autoridades, incumplió para reunirse nuevamente con Pérez Toncel, cabecilla de las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada la cual, en los últimos meses, se había independizado del grupo paramilitar heredero de las estructuras de Hernán Giraldo Serna. Durante la audiencia, el juez avaló el acuerdo y programó para octubre la audiencia de individualización de la pena. Horas después, ‘La Bebecita’ estaba en una bolsa blanca junto a ‘Bendito Menor’ y dos escoltas.
‘Bendito Menor’ era un criminal de la ‘Generación Z’, especialista en filmar sus actos de crueldad e intimidación y en desafiar a las autoridades con la publicación de videos en los que recorría en moto, orondo y despreocupado, la Alta Guajira mientras decía que todo estaba “melo” y que Petro y De la Espriella tenían que cuidarse las espaldas. Muchos de sus crímenes eran subidos a las redes sociales, incluyendo uno de un hombre decapitado con su cabeza empalada en un árbol. “‘Bendito Menor’ —me explica el investigador Lerber Dimas, probablemente el hombre que más ha estudiado el fenómeno criminal en la Guajira y el Magdalena— comandaba la subestructura Javier Cáceres, uno de los cuatro frentes de las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada, con presencia en el sur de La Guajira. “En los últimos meses se había separado del grupo, no le hacía caso a la comandancia de las autodefensas de la Sierra Nevada, se les había vuelto un problema y es cierto que lo estaban buscando”, añade Dimas.
Tenía cinco órdenes de captura por diversos delitos, una circular roja de Interpol y una recompensa de 1.000 millones de pesos por información que permitiera capturarlo, recompensa que, según dice el Ministerio de Defensa, se pagará.
‘Bendito Menor’ no era el máximo jefe de la organización ni estaba en la cúpula criminal, pero sí alcanzó notoriedad, como señalé arriba, por su comportamiento extravagante y su actividad en redes sociales, actividad que fue muy efectiva para convertirlo en una figura temida en el departamento. Su ascenso no fue solo por ser una especie de influencer del mal, sino por sus triunfos militares. “Se volvió muy poderoso porque logró controlar al Clan del Golfo de Riohacha, y al ELN lo sacó de Uribia, así como a la Segunda Marquetalia”. Su influencia en la violencia contra la población también fue notoria. La Plataforma de Defensores de Derechos Humanos, Activistas y Líderes Sociales de la Sierra Nevada de Santa Marta (PDHAL) publicó en junio que en La Guajira se reportaron 156 homicidios en el primer semestre, 76 de ellos en Riohacha. Con 156 homicidios en seis meses y 211.811 habitantes, la tasa es de 73,65 por cada 100.000. Si el ritmo se mantiene durante todo el año, alcanzaría 147,3 por cada 100.000, o sea, 5,5 veces la tasa anual de Colombia, casi 10 veces la de América y 25 veces el promedio mundial. Aterrador.
Su muerte representa una victoria discursiva del Gobierno de De la Espriella, cuyo plan de seguridad incluye la meta de capturar o neutralizar a 10 cabecillas de alto valor durante sus primeros 90 días de gobierno. Su estrategia consiste también en posar, mientras entrega la noticia, junto a los cadáveres de los criminales. Esta semana no solo lo hizo junto a varios de ellos, sino que recorrió sus cuerpos mientras prometía más resultados operacionales. La analista Catalina Gil Pinzón escribía esta semana en su cuenta de X, a propósito de la muerte del ‘Bendito Menor’, que “hoy la gente se queda con que algo se está haciendo, con que su reclamo por seguridad es tomado en serio”. Luego añadía que de acá en adelante poco se cuestionará la estrategia y sus métodos.
Es cierto.
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