
Los colombianos con mejor potencial para crear riqueza por su mayor nivel educativo y su juventud, ante la falta de oportunidades aquí, se siguen yendo por millones a vivir, crear riqueza y consumirla en otros países.
Puede probarse que el gran déficit fiscal acumulado en Colombia tiene una relación de causa y efecto con un problema que está en la base de todos los del país, así haya acuerdo entre quienes nos han gobernado para ocultarlo.
Que los colombianos sufrimos por una economía de mercado subdesarrollada, de menos de 8 mil dólares por habitante –poco productiva y llena de desempleados, de pobres y de paupérrimos– cifra escasa que cuánto molesta al compararse con los 90 mil de EE.UU. y los 50 mil de la Unión Europea. Y con unos TLC que destruyen la economía nacional, porque entre 2012 y junio de 2026 las importaciones fueron mayores que las exportaciones en 135 mil millones de dólares. ¡135 mil millones de dólares!
En una economía tan mediocre pesa bastante otra verdad a la que muy pocos nos referimos. Que los colombianos con mejor potencial para crear riqueza por su mayor nivel educativo y su juventud, ante la falta de oportunidades aquí, se siguen yendo por millones a vivir, crear riqueza y consumirla en otros países. En tanto en Colombia se quedan los de menores y mayores edades, imposibilitados para jalonar el desarrollo nacional.
De otra parte, la Contraloría calcula en cincuenta billones de pesos al año los recursos públicos que se “extravían en los laberintos oscuros de la corrupción” nacional. Monto al que deben agregarse las enormes sumas que despilfarran los gobiernos en clientelismo improductivo, impuesto por la casi totalidad de los políticos de todos los sectores que han gobernado a Colombia.
Del fallido gobierno de Gustavo Petro, Colombia heredó dos de las causas de la crisis fiscal: una tasa de crecimiento de la economía muy mediocre, de apenas el 1,7 por ciento promedio anual entre 2023 y 2025, porcentaje que condena el país al subdesarrollo y no fortalece con vigor la capacidad de compra de los colombianos. Más un gasto público exagerado e irresponsable, que nos puede llevar a un déficit fiscal del 7,2 y el 9,4 por ciento en 2026 y 2027.
Déficit con el que el gobierno de Avelardo de la Espriella tiene que lidiar, pero a la vista está que no se le pasa por la cabeza modificar el modelo económico neoliberal de subdesarrollo que padece Colombia ni ha presentado una estrategia para defender y promover en serio la producción industrial y agropecuaria y el avance del conocimiento científico técnico nacional.
Entre los dolores de cabeza que se heredan, hay que incluir que la deuda interna del gobierno nacional evolucionó de 474 a 881,7 billones de pesos entre 2022 y 2026, fuerte incremento, del 86 por ciento, que presiona al alza las tasas de interés.
Y puede suceder que, De la Espriella, inspirado en los excesos de Javier Milei –su compañero de concepciones retardatarias– sea capaz de imitarlo y provocar en Colombia una dolorosa crisis económica, como la que han padecido los argentinos.
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