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Yezid Arteta Dávila
Puntos de vista

¿Refundar el Pacto Histórico?

“Cuando tienes una agrupación chiquita es fácil controlarlo todo. Los integrantes se conocen entre ellos por sus nombres. Se sabe el domicilio de cada uno, con quién anda, qué come, cuanto calza y hasta el tipo de desodorante que usa. La cosa cambia cuando te vuelves una vaina grande como el Pacto Histórico. Se cuela de todo. Desde un viejo marxista leal a su causa, un actor porno en decadencia, una estudiante de sociología de la Universidad de Nariño, un gamonal de provincia que no quiere perder el tren y hasta el cura del pueblo. Corruptos de pequeño tamaño e individuos codiciosos buscan escampadero en las nuevas fuerzas”.

El párrafo anterior pertenece a una columna que escribí en marzo de 2023 para El Comején, el portal que fundé junto a Erika, Diego y Gustavo durante la pandemia. Bajo el sugestivo título ‘A pan y cuchillo’, buscaba llamar la atención sobre la gran diferencia entre dirigir una secta política —o una cofradía de revolucionarios nostálgicos— y pilotear un movimiento de masas. Cuando las facciones de este último se disputan el protagonismo, terminan destruyendo desde el interior la esperanza de millones de seguidores. Presiento, Viejo Topo, que estoy ante la misma tragicomedia que me ha tocado presenciar y padecer en otras ocasiones, dentro y fuera de Colombia: esa suerte de ‘guerra civil’, sin reglas ni pudor, en la que nadie sale con vida. La pérdida de la Presidencia no se resolverá con lamentaciones en redes sociales ni con ataques a la bartola. El progresismo debe asumir su realidad en lugar de disparar acusaciones indiscriminadas contra sus figuras consolidadas y contra las nuevas generaciones que aspiran a hacer historia. Ningún lamento virtual ni ataque a ciegas le devolverá el gobierno al progresismo. En la contienda política, cada fractura interna cuesta batallas puntuales hasta terminar entregando la guerra completa.

“Sabemos lo que somos, pero no lo que podemos ser”, afirma Ofelia en Hamlet, la obra de Shakespeare. Pronunciada en pleno colapso emocional, la frase sintetiza el conflicto entre la certeza del presente con la incertidumbre del destino. El resultado en las urnas dejó al Pacto Histórico frente a un espejo incómodo. Cientos de activistas que se dejaron la piel en la campaña plantean hoy un diagnóstico severo sobre el rumbo del proyecto. Sus reclamos, Viejo Topo, los agruparía en tres ejes: 

Estrategia y territorio: Desconexión entre el centro y las regiones, primarias cuestionadas y obsolescencia en el manejo de redes sociales y medios tradicionales.

Ética y gobernanza: Presencia de elementos corruptos, vanidad y votaciones en el Legislativo y falta de meritocracia en los espacios de decisión.

Organización e institucionalidad: Necesidad urgente de redefinir la formación política, la carnetización y la elección de la dirigencia con miras al próximo congreso. 

Se trata de tres propuestas razonables que pueden debatirse y enmendarse sin dramatismos en el congreso de noviembre. La militancia del Pacto debe aprender a resolver las diferencias de organización, táctica y línea programática sin caer en el espectáculo ni la confrontación destemplada. Normalizar estos debates dentro de los cauces habituales es una asignatura pendiente. Asimismo, conviene evitar una falsa incompatibilidad entre veteranos y jóvenes: se necesitan mutuamente, y escorar el barco hacia un solo lado solo aumenta el riesgo de naufragar. 

Se avecinan tiempos difíciles, con vientos tempestuosos y marejadas que pondrán a prueba nuestra embarcación. Es momento de amarrarse con firmeza, resistir la tormenta y evitar el naufragio. Esta es una tarea colectiva: todo el mundo a su puesto. Aquellos que buscan beneficiarse sin aportar deben ser apartados en el primer puerto para que sigan su propio camino. Es indispensable corregir la singladura del cambio. Contra viento y marea, reformaremos y consolidaremos el Pacto Histórico para ponerlo, verdaderamente, al servicio de Colombia y de su gente.

Apunte uno: A Holman Morris se le puede criticar en diversos frentes, pero es justo reconocer el giro que, junto a su equipo, le dio a RTVC. La televisión y la radio públicas se consolidaron como herramientas clave de información y cohesión en las regiones periféricas. Por ello, veo con buenos ojos su propuesta de articular un canal virtual de apoyo al Pacto Histórico. Tanto los recursos por reposición de votos como una cuota del salario de los congresistas deberían destinarse a fortalecer las comunicaciones, un ámbito en el que aún seguimos en desventaja.

Apunte Dos: Valoro el esfuerzo de la escuela de formación Semilla promovida por Gustavo Bolívar y su equipo, pero la urgencia del Pacto Histórico exige más. El congreso del movimiento debe fundar un centro de pensamiento con personas de alta competencia y desplegar escuelas territoriales —nacionales, regionales y municipales— para la formación continua de la militancia.

RecomendaciónEl ser querido, el filme dirigido por Rodrigo Sorogoyen y protagonizado por Javier Bardem y Victoria Luengo, se despliega como una verdadera oda al cine. En ella, Bardem no solo firma una interpretación magistral, sino que además se posiciona con valentía sobre la causa saharaui. Su fascinante juego del cine dentro del cine la convierte en una candidata de peso para alzarse con el Oscar a la mejor película internacional.

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