
La figura del vocero presidencial es un completo fracaso. En este país, eso nunca ha funcionado. Y si miramos afuera, casos recientes como el de Karoline Leavitt, una rubia de apenas 27 años cuando tomó el cargo, confirma lo que les digo: eso no sirve para nada diferente a cazar peleas innecesarias, o distraer a la opinión pública, o justificar lo que —muchas veces— resulta injustificable, o la suma de las anteriores. Pero, todos esperamos que esos no sean los objetivos de nuestro actual Gobierno con esos nombramientos en ciernes.
La edad de la exvocera Leavitt no es un dato menor. Más allá de títulos universitarios, o de amistades entrañables, o de telegenia perfecta, más allá de todo eso, ser vocero presidencial lo que exige es experiencia. Experiencia en la cosa pública, experiencia en las relaciones con los periodistas, experiencia en situaciones de crisis, experiencia en momentos difíciles, experiencia en casi todo. Y ella, claramente, no tenía nada de lo anterior. Bueno, tal vez por eso la escogieron.
En Colombia, ese puesto es aún menos necesario. En nuestra historia reciente, los presidentes de la República han sido tipos con el don de la palabra. Que la usen bien o mal, eso ya es otro asunto. Pero le llegaron a sus electores, generaron odios y amores, comunicaron sus ideas, en eso fueron maravillosos. Y el actual, ni se diga. Ahora, si fueron o son buenos o malos gobernantes, eso es un asunto que no tiene nada que ver con contratar un vocero. Espero lo entiendan.
Miremos, por ejemplo, de 1990 para adelante. Todos simpáticos (unos más que otros), buenos en las entrevistas, y en los debates, y en las plazas públicas (unos más que otros). Incluso, en los momentos difíciles, en la fuga de La Catedral, en el Proceso 8.000, en el fracaso del Caguán, en los ‘falsos positivos’, en la derrota del referendo, en el manejo de la pandemia, en la crisis diplomática con los gringos, en el reciente terremoto; hablando desde el punto de vista comunicacional, en todos esos momentos extremos los respectivos mandatarios enfrentaron la situación con mejores resultados que si lo hubiesen hecho a través de una vocería. Hay excepciones pero, en general, les fue mejor a ellos comunicando directamente lo que querían decir, que por interpuesta persona.
Tener a alguien para que lea un comunicado, eso no es vocería, eso es lectura de comunicados. Y si no acepta preguntas de los periodistas, pues muchísimo menos efectivo el resultado. Contratar a una persona para que explique las motivaciones presidenciales a la hora de tomar la decisión equis o ye, eso no es vocería, eso es adivinanza de pensamientos. Tener un vocero para que salude y diga que a continuación va a hablar tal funcionario, eso no es vocería, eso es presentar funcionarios, una tarea de protocolo. O para que dé la palabra a los reporteros en una rueda de prensa, eso no es vocería, eso es dar la palabra. Y así, hasta el infinito. Y más allá.
Y ni hablar de la mala práctica de publicar tuits con mensajes encriptados de forma mediocre, con información también medianamente clasificada, que haría pensar que el vocero —en este caso la vocera, por cierto, designada y aún no nombrada— sí está diciendo algo que le oyó al presidente, o que lo dijo con su autorización, o que lo interpretó, o que se le ocurrió a ella solita. Y luego, tener que borrar. No, eso no es vocería. Eso es contribuir al caos. Y no creo que sea buena idea hacerlo, en especial al inicio del Gobierno. Eso se devuelve, es el conocido ‘efecto boomerang’. El karma, según los jóvenes de ahora.
Antes que ayudar a comunicar de mejor forma las decisiones gubernamentales, el vocero presidencial termina creando distancia entre el mandatario y el país entero. Sus gobernados quieren escuchar las explicaciones de él, leerlo a él, verlo a él y no a un tercero a quien muchas veces no conocen, o no les genera respeto, o una mínima credibilidad. Los electores no son bobos.
La vocería presidencial no es una buena idea. Es mejor que no insistan en eso. Seguro que a los dos voceros designados les pueden encontrar un cargo en alguna parte, eso no será problema. Problema sería dejarlos hacer algo que el propio presidente haría mejor. Muchísimo mejor.
Mejor sin voceros.
@JaimeHonorio
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