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Jaime Honorio González
Puntos de vista

El patio trasero

Le di mil vueltas y no encontré la respuesta. De pronto, ustedes sí que son más inteligentes, yo no pude. Estados Unidos certifica la lucha antidrogas de Venezuela. De Venezuela, una dictadura sinfín, que pasó de Maduro a Podrido. De Nicolás a Delcy, sólo que ahora produciendo petróleo en forma gracias a las empresas norteamericanas que ayudan en tan noble labor. Pobre país.

El mismo día y al mismo tiempo, Estados Unidos descertifica la lucha antidrogas de Colombia. De Colombia, una democracia a prueba de todo, incluso de nosotros mismos, autodestructores por naturaleza, campeones de la violencia, leguleyos irremediables, arribistas hasta el tuétano: los pobres queriendo ir a México; la clase media, a Miami; los ricos, a Londres. Qué pueblo tan particular somos los colombianos.

Varios me explicaron que la descertificación a Colombia está absolutamente fundamentada en los pobres resultados de esa lucha antidrogas durante los 12 meses anteriores al inicio del año fiscal gringo (primero de octubre), tiempo en que el Gobierno Petro mantuvo la suspensión de las fumigaciones aéreas, rechazó los cálculos de Naciones Unidas sobre cantidad de hectáreas sembradas con la mata maldita y permitió el significativo aumento de toneladas de coca producidas, entre otras razones. Vista así, una decisión objetiva, basada en cifras, datos y resultados. Plenamente justificada.

Bueno, y ¿entonces? ¿Cómo justificamos la decisión sobre Venezuela? Acaso, ¿allá sí saben cuántas hectáreas hay cultivadas? ¿Allá sí fumigan? ¿Allá disminuyó de forma notable la cantidad de toneladas que sale de sus playas o de las innumerables pistas aéreas? ¿El Cartel de los Soles es una ficción? No me crean tan pendejo. Todos sabemos que no, que el régimen sigue instalado, que sigue operando, que continúa enriqueciéndose, y ahora que no puede sacarle plata a PDVSA con más razón estará echando mano de las desbordadas y muy fáciles ganancias que deja el tráfico de drogas.

No se olviden que, allá, la política antidrogas está en cabeza del Ministerio para Relaciones Interiores, desde hace dos años en manos de Diosdado Cabello, por quien Estados Unidos ofrece 25 millones de dólares por información que conduzca a su captura. Conste que les dije dónde trabaja.

Allá, la lucha antidrogas está a cargo de la FANB (Fuerza Armada Nacional Bolivariana), hasta hace seis meses dirigida por Vladimir Padrino, por quien hoy Estados Unidos ofrece una recompensa de 15 millones de dólares. Tampoco es muy difícil encontrarlo, lo nombraron ministro de Agricultura. Al menos, de cultivos sí debe saber.

Así que, lucha antidrogas allá, no, la verdad no. Lo cual sólo prueba que la antipática decisión de certificar o descertificar no es objetiva: es una decisión política. Y nada más. No está tomada con base en cifras y datos; está tomada con base en conveniencias, acuerdos, intereses, negocios, oportunidades, etcétera, etcétera, etcétera. Y no es que esté mal. Es una decisión soberana del Gobierno estadounidense. Es su plata, son sus recursos, es su completa decisión la de querer certificar o no. Lo entiendo. Pero, no nos comamos el cuento de que es por los malos resultados del año anterior, no. No fue por eso. Si fuera por resultados frente a la lucha antidrogas, Venezuela no quedaría entre los primeros 200 países. Y somos como 195 naciones.

Así que sólo queda encontrar por qué no certificaron a esta dolida patria. Yo creo que en este país seguimos enfermos de ombliguismo crónico. Y golpes como éste nos aterrizan de vez en cuando. Y de cuando en vez. Me parece que la decisión de certificar o no a Venezuela se la consultaron al presidente Trump y él dio el sí sin dudarlo. Si alguien sabe de intereses es él.

En cambio, no le consultaron la de Colombia, porque de hacerlo habría respondido igual: sí. Lo último que sabe de este país es que nos gobierna alguien bastante afín a su ideario. Incluso, aunque no creo que sepa el nombre completo de nuestro presidente, tiene clarísimo su apodo: El Tigre. Y lo dice en español, no en inglés. Dice El-Ti-gre y no The Tiger. Y le parece simpatiquísimo. Y no creo que sepa mucho más de Colombia (bueno, excepto lo de siempre: que de acá sale la cocaína, Escobar y Shakira).

Y tampoco le importa nada más de por acá. Su cabeza está en el petróleo de Venezuela, en el estrecho de Ormuz, en su guerra comercial con Canadá, en la posesión de Groenlandia, en las elecciones de noviembre, en el whisky irlandés, en el golf del fin de semana, en fin, en mil cosas que no incluyen —y que no incluirán— a esta república bananera, y también coquera, que sigue siendo su aliada incondicional.

Por la razón o por la fuerza.

@JaimeHonorio

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