
El senador caleño del Polo Democrático, Wilson Arias, es uno de los activos más importantes del Pacto Histórico. Es un veterano de la política con voz y llegada en sindicatos y movimientos sociales. Pero también tiene buena penetración en redes sociales. Dueño de una oratoria empalagosa y un tono de voz que cautiva, ha sabido ser un político versátil. Está metido en las peleas gruesas (salud, pensiones, tierras) y tiene a su alrededor todo un aparato de activistas y cuentas muy dispuestas a encender la llamarada de sus videos y denuncias.
Revisando las páginas y portales que han hecho seguimiento de su vida y bienes, se puede concluir que es un político transparente y con un tren de vida que calza con sus ingresos. Lo que es lamentable es la manera en que su vehemencia y afán por defender sus ideas y atacar a sus contradictores, lo han convertido en una fábrica de noticias falsas, medias verdades e imprecisiones.
Los hechos inventados que jamás ocurrieron y las cifras que no corresponden, que suele publicar, van acompañadas de un talante para debatir intelectualmente deshonesto: solo él y los suyos desean y representan los intereses de los más vulnerables, los demás los quieren ver sufrir y trabajan para los grandes poderes. Sin ninguna prueba, se la pasa acusando a sus críticos de estar pagados por grandes grupos o magnates. Un tono infantil y descalificador que no es más que vulgares ad hóminem. Debe recordarse que ni él ni ningún partido tiene el monopolio de la bondad.
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