EL CAPO INVISIBLE

Se llama David Rolando Vivas López, pero en Cúcuta está prohibido decir su nombre. El amo de la economía ilegal –y de buena parte del poder político– en Norte de Santander es mencionado, en voz baja, con varios alias: La D, don David, el Fantasma o el Faraón. Está detrás de varios crímenes que han ensangrentado la región. Controla el narcotráfico, la minería, los juegos de azar y las bandas de sicarios.
El Faraón nació en San Antonio del Táchira, al otro lado de la frontera, y cumplirá 61 años el próximo 3 de agosto. Su cédula venezolana está vigente e inscrita para votar en el municipio de Bolívar en el estado Táchira.

De acuerdo con informaciones de inteligencia, el capo invisible está relacionado con varias empresas aparentemente legales: tres casinos, dos compañías concesionarias de carbón, una sociedad operadora de maquinaria pesada, una distribuidora de alimentos y bebidas, una productora de eventos, una inmobiliaria y una constructora.
El capo invisible, bautizado por algunos como el Pablo Escobar de la frontera, también tiene una compañía de vigilancia y seguridad que opera en Bogotá y que le permite tener escoltas y armas legalizadas.
Un oficial retirado de la Policía llamado Danny, empleado de su organización, fue interceptado mientras informaba sobre autorizaciones y sobornos:
Patrón ya nos cuadraron todo lo del armamento, ya está autorizado y subido al sistema: 18 Jericó, 2 Glock y lo otro en Córdoba. Los 20 revólveres y las 10 escopetas, pero me están cobrando millón y medio por cada arma. 110 millones. Me están pidiendo mucho ¿Cierto?
El patrón responde que no recuerda cuánto pagaron la última vez porque lo hicieron directo con alguien a quien llaman “el capitán”:
–Ese man cobró como 30 millones, 800.000 por arma, con el concepto y todo.
–Le voy a decir a Jesús –concluye Danny– que un millón por arma. Y bien pago, porque el concepto es aparte.

De acuerdo con informes de inteligencia, David Vivas, alias el Faraón, fue capturado hace dos años por la Policía en la zona de Bocagrande en Cartagena. Lo detuvieron por porte ilegal de armas. Un informe de Policía Judicial afirma que, a través del exteniente Danny Beltrán, ofreció cien millones de pesos a los uniformados para que lo soltaran. El documento asegura que los agentes rechazaron el soborno. Inexplicablemente quedó libre.
La sola mención del capo produce terror en Cúcuta. Los investigadores lo relacionan con el asesinato de tres personas, incluyendo a un niño de 14 años, frente al Colegio Santo Ángel de la Guarda. También lo señalan como posible determinador de los crímenes del empresario carbonero César Ramón Flórez y del abogado Fabio Álex Ortega, quien representaba a la viuda del anterior y descubrió algo complicado.
Alias el Faraón podría ser uno de los determinadores del crimen del periodista Cristian Herrera, acribillado hace unas semanas frente a su esposa y sus hijos. El colega investigaba las relaciones del capo con varios políticos de la zona y, en especial, con Ariel Rodríguez, recién elegido representante a la Cámara por el Partido Liberal.
Por años, el Faraón logró mantener en secreto su imagen. No había fotografías suyas en los registros de los organismos de investigación. Se movía por Colombia, Venezuela, República Dominicana y México sin mayor apremio. Esta semana en 6 AM W se conoció su retrato.

Es difícil creer que alguien con semejante gusto haya pasado desapercibido por tanto tiempo. Algunas personas de Norte de Santander creen reconocer el anillo y el reloj del hombre sentado a su lado. Según ellos, podría tratarse de otro político local. Después de ver y comparar fotografías, creo que pueden tener razón, pero no me atrevo a afirmarlo.
P.D.: El presidente saliente Gustavo Petro debe reconocer con madurez democrática el triunfo del electo Abelardo de la Espriella. Su obstinación en negar lo que ya es un hecho, solo le hace daño a él y al proyecto político de la futura oposición, que debe ir más allá del Pacto Histórico.
La actitud de Petro vuelve a alejar de esa causa a los sectores más moderados, que ven con desconfianza los días que vienen, pero aún con mayor recelo la no aceptación del fallo de las urnas.
El empecinamiento inútil y narcisista de Petro termina entregándole a la ultraderecha el monopolio de la institucionalidad. Nada más lejos de la realidad; nada más cerca de la percepción.
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