
#Pride2023: Ser gay donde no se puede
Un pastor cristiano abiertamente gay y una coronel de la policía abiertamente lesbiana cuentan cómo se han enfrentado a los sistemas de las instituciones que representan para cambiar los prejuicios con los que los condenan.
Por: María Fitzgerald
El servicio de adoración dominical inicia con un “Buenos días, Iglesia, qué gusto verlos. Qué bendecidos somos de estar aquí en esta casa del Señor que es para todos y para todas”, por parte del pastor Jhon Botía, arriba en el púlpito. Lo rodea una banda de personas jóvenes, hombres y mujeres, que animan la prédica con canciones que veneran a Dios.
En el cuello, el pastor Botía tiene una estola con los colores del arcoiris. Los mismos que representan la bandera de la comunidad LGTBIQ+. Él es el primer pastor abiertamente homosexual en Colombia, quien además predica en la primera iglesia abiertamente incluyente en el país.
“No ha sido fácil, e incluso nuestra congregación se vio fuertemente diezmada cuando los dirigentes decidieron apoyar abiertamente a la comunidad LGTBIQ+. Terminamos solo con 30 creyentes asistiendo a nuestros servicios. Hemos sido blanco de ataques, de discriminación, de exclusión, de persecución. Sin embargo, nosotros consideramos que todas las personas deben poder buscar a Dios y que no es excluyente con su orientación sexual”, asegura el pastor.
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