
Octavio y la carpa: nueve meses durmiendo a la intemperie por su pedacito de tierra
Octavio Feria Cárdenas, el hombre que duerme hace más de nueve meses en una carpa frente a la Agencia Nacional de Tierras.
Octavio Feria, de 69 años, acampa frente a la Agencia Nacional de Tierras en Bogotá a la espera de una respuesta. Su vida, marcada por la guerra, ilustra la realidad actual del conflicto armado en Colombia y el histórico problema de la distribución de la tierra.
Por: Rainiero Patiño M.
La marca de la guerra puede ser un tajo que parte la memoria. O hendijas de dolor donde se apretujan muertes, nombres, fechas, lugares y, muchas veces, enfermedades. Octavio Feria Cárdenas duerme hace más de nueve meses en la entrada de la oficina principal de la Agencia Nacional de Tierras (ANT). Espera su respuesta, el cumplimiento sobre el “pedacito” que reclama, que al final no es más que su forma de definir la palabra dignidad. Para una anónima joven ejecutiva que fuma cerca es solo “el señor loco de la carpa”, pero su historia también ilustra la realidad actual del conflicto armado en Colombia y el histórico problema de la distribución de la tierra.
La mayoría de los funcionarios corren apresurados a sus oficinas. Es viernes. A diferencia de los otros días laborales, lucen más despreocupados, visten pocos trajes y corbatas, muchos zapatos deportivos y jeans. Octavio tiene la misma chompa roja y la sudadera negra de hace varias semanas. La carpa ya está abierta y sus pies se asoman a los transeúntes. El cable de energía 'tirado' desde la oficina de Atención al Público lo ayuda a librarse de la tortura que provocan la juntanza de la memoria y el silencio. Escucha noticias en un pequeño bafle, se estira de medio lado sobre el colchón. Dos mantas están enrolladas en un rincón. La vida en dos metros de largo, por 1,3 metros de ancho. El hombre dentro de la carpa a pocos metros de las oficinas es una imagen surrealista para algunos, pero a Feria lo tiene sin cuidado, dice que no se irá sin una solución.
Habla con esfuerzo, respira profundo cada cuatro o cinco palabras, se puede sentir cómo le ruge el pecho. Tiene 69 años, pero dos infartos recientes, uno el 17 de enero y el otro el 26 de abril, obligaron a los médicos a instalarle un marcapasos. Come lo que se puede, lo que le dan.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios










