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Luz Mélida Ocampo.
Poder

'Las mujeres que sufrimos la violación en el secuestro tendremos heridas toda la vida': Luz Mélida Ocampo, víctima de las Farc

El país está a la espera de que, en cuestión de semanas, la Jurisdicción Especial para la Paz emita su primera sentencia en el caso 01 sobre secuestro y los tratos inhumanos a los que fueron sometidos las víctimas. Luz Mélida Ocampo, víctima de las antiguas Farc, decidió contarle su historia a CAMBIO. Hoy pide atención psicológica, reparación integral y que las víctimas sean escuchadas. Entrevista.

Por: Alejandra Bonilla Mora

El horror ocasionado por el secuestro sigue doliendo, no importa el tiempo que haya pasado. Luz Mélida Ocampo tenía 42 años cuando fue secuestrada por integrantes del Bloque Occidental de las Farc. Mientras obligaban a su esposo a conseguir el dinero que pudiera, la mujer fue amarrada, humillada y violada por sus captores. A la espera de la primera sentencia de la Jurisdicción Especial para la Paz contra los integrantes del antiguo secretariado, Luz Mélida relató en CAMBIO su historia. Pide apoyo psicológico y una reparación integral.

CAMBIO: Cuéntennos un poco de usted por favor

Luz Mélida Ocampo: En el momento de mi secuestro tenía 42. Fue el 6 de abril de 2002, un sábado. Vivíamos en Cali. A veces uno no sabe ni por qué le suceden las cosas. Teníamos una casa de veraneo en el corregimiento de El Salado del municipio de El Cremal, Valle del Cauca. Mi esposo había mandado a hacer unos arreglitos y teníamos un trabajador allá. Llegó y dijo: 'Vamos un momentico a pagarle'. Nos fuimos con mi niña porque no teníamos con quien dejarla y mi hijo estaba haciendo el pre-Icfes. Se le canceló al señor de la ferretería, le cancelamos al trabajador y salimos. No nos demoramos mucho. Más o menos unos diez minutos después de haber salido, vienen unas personas como del Ejército. Mi esposo me dice: 'No, eso es la guerrilla. Mírale las botas'. Cuando dice así, da reversa y en ese momento nos cogieron, como dicen los muchachos, a plomo ventiado.

El carro quedó en malas condiciones, el parabrisas estaba quebrado. Mi esposo estaba ensangrentado, mi niña y yo teníamos esquirlas. Iban a bajar a mi esposo y el guerrillero dice: 'No, el cucho está herido. La cucha, la cucha'. Se iban a llevar a mi niña y yo dije: 'No, llévenme a mí o nos matan acá, pero a mi niña no'. Entonces, me bajan, me encapuchan, me amarran y ahí comienza la marcha de la muerte, de ahí uno no sabe qué va a pasar.

Les dije no, llévenme a mí o nos matan acá, pero a mi niña no. Entonces, me bajan, me encapuchan, me amarran y ahí comienza la marcha de la muerte, de ahí uno no sabe qué va a pasar.

CAMBIO: Antes del secuestro, ¿habían sufrido alguna extorsión? ¿Estaba muy difícil el orden público en Cali?

L.M.O.: Mi esposo tenía algunos negocios en Buenaventura. En el 98 nos radicamos en Cali. Teníamos un negocio de transporte público, de busetas. A veces llegaba el panfleto, pero a eso uno no le prestaba atención. En el 2000 en el Valle del Cauca se recrudeció la violencia, vinieron los secuestros y comenzaron las pescas milagrosas. En el Valle del Cauca hubo mucho secuestro, personas que nunca lo han contado, tal vez por el estatus social o porque les tocó irse del país. Eso es un asunto invisibilizado de los secuestrados: el caso de los diputados opacó al resto porque inicialmente solo se tocaba el caso de ellos.

CAMBIO: A usted la secuestra el frente 30 de las Farc. La amarran y la ponen a caminar. No me puedo imaginar la angustia de no saber qué iba a pasar…

L.M.O.: La angustia de dejar a mi hija, a mi esposo, no sabía en qué condiciones estaban. Yo veía a mi esposo con mucha sangre por las esquirlas del parabrisas. Me llevan encapuchada, amarrada. No sé cuánto caminamos por la montaña. El secuestro fue en la tarde, todavía había luz. Ya era noche cuando me entran a una casa en donde hay otra gente. Me dan agua con azúcar y me preguntan que quién soy yo: en ese momento no sabía ni quién era, ni cómo me llamaba ni nada. Me quedé en blanco, no me acordaba de nada. Ahí me preguntan que si tomaba medicamentos y me dan agua. Yo no dije nada. Esa noche tocó caminar ya de largo hasta el amanecer. Me dieron unas botas y caminamos y caminamos. Eso era puro monte.

CAMBIO: Fueron 13 días de tormento. Custodiada por seis personas aproximadamente, incluidos dos menores de edad. Cuéntennos lo que usted quiera de lo que sufrió, por favor….

L.M.O.: Un día, una hora, unos meses...es secuestro. Es la muerte para uno, porque uno no sabe si va a regresar. La vida no depende de uno, sino de otros. Y esos otros dependen de otros. Me tocaba con la misma ropa lavada, ponérmela mojada, estar desnuda. Ahí empieza la otra parte de la pesadilla: el manoseo, la violencia sexual. Como mujer, esa es la parte degradante, es donde acaban tu integridad, te acaban tu voluntad.

(Baja la voz) Comienza uno a ver que la vida es un suspiro. Las mujeres que pasamos el secuestro y que nos tocó la violencia sexual, la violación, tenemos heridas que toda la vida van a quedar ahí. Yo tengo una frase que dice: "Mi cuerpo, mi verdad", porque siempre es algo que va a estar ahí marcado. Yo tuve la fortuna de mi esposo, que es mi motor y mi polo a tierra en esos momentos en que me quería morir. Cuando regresé me acompañó y me sigue acompañando y otras no han tenido la fortuna de tener ese apoyo.

Las mujeres que pasamos el secuestro y que nos tocó la violencia sexual, la violación, tenemos heridas que toda la vida van a quedar ahí

CAMBIO: En el proceso en la JEP hemos podido escuchar a las víctimas relatar no solo el secuestro sino también la violencia sexual, la tortura y malos tratos a los que fueron sometidos y eso es importante hablarlo, que son crímenes en sí mismos, no solo fue que se los llevaron...

L.M.O.: No poder comer. Si usted tenía que hacer sus necesidades, había que hacerlas ahí amarrado a un árbol. Alguien alguna vez dijo que nosotros teníamos una camita y un techito, eso es mentira. Tu colchón eran unas guaduas que ponían y estabas amarrada y estaban dos o tres personas custodiándote y esa angustia de que en cualquier momento te pueden matar. Todos los vejámenes que te puedas imaginar. Si no comías, no te daban comida después. Yo no entiendo aún la calidad de vida que un guerrillero llevaba, no vivían como una persona normal de campo, sino que la comida era un arroz y algo y aguapanela y eso no es alimento. A mí me llegó el período en esos días y yo no tenía una toalla, me tenía que colocar hasta el brasier, lavarlo, quitarlo. Son vejámenes que uno ni en la vida se imagina.

Y la violación es la parte más terrible... porque en mi caso hubo un día que me agarraron dos. Son cosas que uno no sabe ni cómo resistir. (Se le quiebra la voz).

CAMBIO: Ocurre la violación y usted tiene que seguir enfrentándose al agresor, que lo tiene ahí. ¿En algún momento estos guerrilleros le dijeron algo? ¿Le daban a entender que iba a salir de ahí o que no lo iba a superar?

L.M.O.: Fuera de toda la parte física que pasa uno, está la parte mental también, la parte de los daños psicológicos. Cuando me dicen que estaban negociando con mi esposo por un millón de dólares, me desmayé. Yo le dije: '¿De dónde, por Dios? ¿Me voy a quedar toda la vida acá?'. Y a mi esposo le decían: 'O negocia, o negocia, ya que nos están persiguiendo'. Uno cree que nunca va a salir y también se cierran las puertas: nadie te presta, a veces la gente abusa porque, si tienes algo para vender, te lo quieren pagar a lo que quieran. Es esa desesperación de la familia.

Decían cosas como: 'Si su marido no paga, hacemos lo mismo que un señor que nos pagó para que matáramos a su esposa'. Yo le dije al señor que mi esposo no tenía como conseguir eso porque nosotros no somos ricos. Y ellos decían que no, que teníamos cierto carro. Y yo le dije: 'Sí, averigüen, lo vendimos'. Uno para ganarse la vida tiene que trabajar, endeudarse. Las comodidades que uno tiene vienen de cosas que nos decían nuestros padres: conseguirse una casita, una finquita, un carro, porque uno no viene de cuna de rico ni nada de eso. Somos gente trabajadora.

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Luz Mélida Ocampo. Foto: JEP.

CAMBIO: ¿Cómo fue esa presión a su esposo mientras usted estaba secuestrada?

L.M.O.: A mi esposo lo contactan a los dos días y le piden ese dinero. Él va al Gaula y al Ejército en Cali. Lo atiende el coronel Matamoros. En ese momento el presidente era el señor (Andrés) Pastrana y le dicen a mi esposo: 'No tenemos orden, no podemos liberarla, mire a ver usted cómo negocia'. A mi esposo después de eso lo tuvieron que operar meses después por una hernia. Se enfermó horrible, no podía caminar. Los que lo hemos sufrido sabemos que el secuestro es una enfermedad, una enfermedad tan grave que es una secuela que queda y después vienen otras cosas y termina de acabarlo a uno.

Los que lo hemos sufrido sabemos que el secuestro es una enfermedad, una enfermedad tan grave que es una secuela que queda y después vienen otras cosas y termina de acabarlo a uno.

CAMBIO: En los días finales, ¿entendió que iba a ser liberada?

L.M.O.: Mi esposo dice que para él los días eran eternos haciendo vueltas. Hubo algunas personas prestigiosas de El Cremal, más que todo por eso se dio la mediación, porque si no tampoco había podido ser posible.

CAMBIO: Estando encadenada siempre, ¿cómo era la interacción con los menores de edad que la custodiaban?

L.M.O.: Había una niña que se llamaba Yurani y yo le decía que la veía como a mi hija, pero no hablaba conmigo. En las charlas que tenían a veces, ella contaba que tenía un hermano gemelo que lo habían matado. Y una cosa desgarradora fue que un chico que estaba ahí, yo me siento a ver una montaña ahí como ida, secándome al sol, y le digo:'¿Usted sabe que yo tengo un joven como de su edad? Usted podría ser mi hijo. No le da pesar que, de pronto, su mamá lo está buscando' (llora). Y me dice: 'Señora, no llore, porque así usted llore lágrimas de sangre, si me toca quebrarla, la quiebro'. Para mí eso fue un detonante, yo decía: 'Dios mío, ¿por qué tanta sevicia? ¿Por qué tanto odio? Ellos hablaban con odio, como que todos en la sociedad les debíamos a ellos.

Un menor que me cuidaba me dijo: 'Señora, no llore, porque así usted llore lágrimas de sangre, si me toca quebrarla, la quiebro'.

CAMBIO: Cuando recuperó la libertad, ¿qué pasa?

L.M.O.: Ir al médico, al psicólogo, terapias. Ver que en esa época el Estado nunca se preocupó por los secuestrados. Nosotros salíamos, nos liberaban y todo era por cuenta nuestra. Endeudados. Saliendo de todas las cosas porque hasta desplazamiento nos tocó. Teníamos una finquita y tocó vender regalado todo. Teníamos una tierrita cerca de Buenaventura, fuimos, nos comienzan a extorsionar, nos tocó dejar esa tierra y volver a empezar de cero. Se acabaron nuestros proyectos, se acabó todo. Lo único que lo unía a uno era la familia, porque la parte emocional es indiscutible, le cambia a uno. Esa sensación de humillación, de vergüenza, porque uno cuando regresa no quiere hablar con nadie ni con los amigos y eso es un tabú.

CAMBIO: Perdóneme por esta pregunta: ¿cuándo pudo contarle a su pareja lo que sufrió en el secuestro?

L.M.O.: Cuando llegué. Yo llegué muy destrozada. Cuando a mí me liberan, yo parecía un zombi. Me dejaron en un sitio y me dijeron: 'No se levante, no vaya a moverse'. Yo me sentí ahí y no me moví y cuando llega mi esposo como a las 8 de la noche, yo lo único que hacía era llorar. Le dije que me llevara a la clínica, que estaba muy mal. 'Me pasaron muchas cosas', decía. (Llora). Uno viene con sentimiento de culpa de que me iba a dejar. (Llora) Uno siempre pregunta: ¿por qué a mí? Y volverse a recuperar es la parte más difícil.

CAMBIO: ¿Supo en algún momento quién ordenó su secuestro?

L.M.O.: No, nos dicen que eran pescas milagrosas, que porque íbamos en una Ford Explorer.

CAMBIO: Esto fue abril de 2002. Han pasado 23 años y el impacto psicológico sigue…

L.M.O.: A las mujeres que nos pasó esto generalmente tenemos muchas enfermedades: la tiroides, tenemos depresiones, sufrimos problemas de muchas cosas. La parte depresiva, la parte de culpa. Yo volví a tener esos episodios en 2020 porque eso todos los días sigue persiguiendo. En octubre de ese año tuve un episodio me puse supremamente enferma, volví a hacer memoria de todo lo que había pasado y eso es doloroso, nunca se va a olvidar.

CAMBIO: Usted recuperó su libertad y volvió a su rol de madre. Me imagino que callaba lo sufrido por los hijos…

L.M.O.: Sí, eso fue lo que pasó. Yo siempre digo que mi esposo era mi polo a tierra, él me acompañó en las terapias, él estuvo ahí conmigo siempre. Yo he comenzado a sanar y he podido contar, pero es muy duro. Yo aún no me siento capaz de decirle eso a mi hija. Yo soy líder social, defensora de derechos humanos, me gusta el trabajo social y mi hija me dice: 'Mamá, ¿por qué lo hace?'. Yo le digo que me nace. En este trayecto he conocido mujeres que nunca tuvieron un apoyo ni un hombro en donde llorar.

CAMBIO: La percepción es que, de cara a la sociedad, hay víctimas del secuestro más importante que otras. Estos secuestros extorsivos se han minimizado un poco por no tener un fin político...

L.M.O.: Sí señora, hay una estratificación. Tengo una compañera que fue secuestrada dos días, la violaron enfrente del esposo y le mataron el esposo delante de ella. Cuando uno escucha eso y dice: ¿Cuándo va a terminar la guerra?

CAMBIO: Usted empezó a trabajar en derechos humanos. Cuando el presidente Juan Manuel Santos anuncia el proceso de paz, ¿cómo lo vivió?

L.M.O.: Uno como víctima no quiere nada de eso, lo veíamos como muy remoto. Las situaciones que pasaron ahí en cuánto a víctimas, no sé cómo escogieron a las personas que fueron allá. El acuerdo dice que nosotros somos el centro de todo y, si tú ves, los firmantes tienen todo, pero no se cumplen las cosas para nosotros.

El acuerdo dice que nosotros somos el centro de todo y, si tú ves, los firmantes tienen todo, pero no se cumplen las cosas para nosotros.

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Luz Mélida Ocampo. Foto:JEP.

CAMBIO: Hablemos del caso en la JEP. Usted está acreditada en el macrocaso 01 de secuestro y en el 11 en donde está el tema de la violencia sexual. Ya hubo una audiencia pública en la que se vieron cara a cara con representantes, mandos medios, de las Farc.

L.M.O.: Nos ha pasado que quien lo ejecutó, ya está muerto. Los mandos medios y los mandos los altos nunca reconocen que ellos mandaron a hacer eso, porque tenían unas leyes y dicen que tenían que cumplirlas. En el caso del secuestro del Valle del Cauca, Cauca y Nariño nos tocó con mandos medios y volvemos con la estratificación: nos decían que no sabían. Antes de la audiencia nos preparan para eso, pero ese es otro tema: nosotros no tenemos un acompañamiento psicológico permanente, sino que nos preparan dos días antes y hasta ahí llega.

Yo no creía que pudiese pasar. Yo decía que nunca me iba a sentar con ellos. Y esto es impactante. Uno habla con ellos y dicen que no sabían. El primer encuentro es...uno se enferma. A mí me dio de todo, tuve fiebre, escalofríos. Tuve una audiencia y luego, por mi trabajo en Palmira, me ha tocado verme varias veces con ellos. Mi esposo sí me dice que no está preparado para eso.

CAMBIO: ¿En esa audiencia, que fue en noviembre de 2024, pudo en algún momento sentir algo de tranquilidad?

L.M.O.: Yo empecé con mucha rabia y sinceramente en ese momento a uno se le vienen tantas cosas. Uno ve que ellos no saben ni qué decir, pero cuando dicen: 'sí aceptamos', uno dice bueno, al menos están diciendo que sí. Como yo digo, éramos un registro, pero hoy tenemos un rostro. Y ese rostro exige la verdad.

CAMBIO: ¿Alguien le ha pedido perdón?

L.M.O.: Sí, me han pedido perdón, pero yo siempre digo que no soy quién para perdonar, el único que perdona es Dios. Sin embargo, hay que seguir adelante. Yo creo siempre que tenemos que contribuir con un granito de arena para que esto no se repita, para que nuestros hijos no pasen por este camino tan empedrado, tan horrible. A mí me tocó hablar con el señor Pacho Chino, con Gustavo Arbeláez, quien fue el ideólogo y perpetrador del secuestro de los diputados del Valle. Ellos todos dicen que sí, pero los veo a ellos muy tranquilos.

CAMBIO: ¿Usted cree que el reconocimiento que están haciendo es sincero?

L.M.O.: Pues queremos que sea sincero, queremos que lo hagan de corazón. Esperamos que contribuyan, ellos por su edad, por sus cosas, renunciaron al monte y quedaron otras partes allá que siguen haciendo daño.

CAMBIO: Va a salir la sentencia del caso 01, para los máximos responsables. ¿Qué espera?

L.M.O.: Que ellos asuman que sí hubo secuestro, que no fue una retención como la quieren hacer pasar, que sí hubo secuestros extorsivos o económicos como en mi caso, que sí mataron gente, que sí hubo la violación, que sí pasó todo lo que encierra un secuestro, que por eso es de lesa humanidad. Eso lo exijo.

CAMBIO: ¿Y de la JEP qué espera? De la sentencia como tal…

L.M.O.: La JEP es restaurativa, eso lo tenemos muy claro. Lo que sí le pido a la JEP es que se entrelacen todos los organismos del Estado. Tenemos que meter la Unidad de Víctimas, la de Restitución de Tierras, todo lo que sea gobierno porque realmente las víctimas exigimos verdad, justicia y una reparación integral y restaurativa, sí, pero que también las víctimas hagamos parte de esto. Si usted ve, todo es con los comparecientes, pero las víctimas solamente hemos servido para ir a testificar, en los procesos no ha habido nada para nosotros, no ha habido una restauración de nuestros derechos. Es más, en lo que están trabajando los comparecientes para los proyectos restaurativos, las víctimas no hemos hecho parte de esto.

CAMBIO: Es difícil acostumbrarse a un modelo que no va a tener cárcel…

L.M.O.: Eso lo tenemos claro, pero que también sea equitativo para las víctimas. Mire, nosotros esos proyectos no van a ser productivos. Ellos están diciendo que van a sembrar árboles, que van a arreglar una carretera, que van a hacer memoria. Pero las víctimas no nos sentimos representadas. Muchos de nosotros perdimos todo. Teníamos una vida cómoda, teníamos una vida por hacer, teníamos una historia por hacer y todo eso se perdió. Por eso le decimos a la JEP que debe haber reparaciones integrales para nosotros. En 23 años nunca he recibido una ayuda, nunca. No me han dicho: 'Venga que le vamos a devolver la tierra que le quitaron'. Nada de eso ha pasado. La atención psicológica ha sido a cuentagotas.

En 23 años nunca he recibido una ayuda, nunca.

CAMBIO: Todo lo han tenido que asumir ustedes. ¿Indemnización tampoco?

L.M.O.: (Se ríe). Nada. En el 2011 cuando salió la Ley de Víctimas, me inscribí y en 2013 me salió la resolución por secuestro y no más. Cuando llegue la indemnización ya nos habremos muerto. Esa es la otra discriminación: no nos tienen en cuenta si las víctimas no tienen 68 años, aún si tienen enfermedades de base.

La mayoría de las personas que sufrimos los secuestros por dinero somos mayores de 60 años. No hay un trabajo, no hay nada. El Estado nunca nos ha tenido en cuenta para un trabajo, así sea para los hijos que son profesionales. Entonces las víctimas del macrocaso 01 le estamos diciendo a la JEP que, por lo menos, a nosotros la Unidad de Víctimas nos tenga en cuenta y nos indemnice para tener una calidad de vida.

CAMBIO: Si la JEP no se hubiera puesto en marcha, ¿en la justicia ordinaria había algo de su caso?

L.M.O.: No. La JEP vino a darle una expectativa más a lo que puede ser una dignificación para las víctimas, pero también pensamos que la JEP se ha quedado corta. Las víctimas pedimos que de verdad haya reparación integral. Eso sabemos que la JEP no lo va a dar, pero ellos pueden exigirlo. Y que en los TOAR se tenga en cuenta a las víctimas.

CAMBIO: ¿Qué la haría sentir más tranquila?

L.M.O.: Queremos tener una estabilidad. Mi proceso de sanación es tener un psicólogo, un apoyo emocional porque con esto se han vuelto a desatar muchas cosas. Y dos, que realmente nos cumplan con la reparación integral. Todos necesitamos tener algo de qué vivir. Podemos ser trabajadores de paz.

CAMBIO: Luz Mélida, gracias por atendernos, por contarnos su historia.

L.M.O.: Gracias por escucharme, ojalá sirva de algo.

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