
Mucho más que un empalme: la apuesta política de De la Espriella hacia 2027
El presidente electo Abelardo de la Espriella y el alcalde de Medellín Federico Gutiérrez durante el encuentro de este miércoles. Foto: Alcaldía de Medellín.
El presidente electo activó una agenda paralela de reuniones con alcaldes y gobernadores bajo el nombre de “empalmes territoriales”. Más que un ejercicio administrativo, esta estrategia es el inicio de la construcción del poder con el que buscaría gobernabilidad y posicionamiento de cara a las elecciones regionales del año entrante y a la disputa con el Pacto Histórico.
Por: Armando Neira
Mientras el país observa las controversias alrededor del empalme entre el gobierno saliente y el entrante, el presidente electo Abelardo de la Espriella empezó a mover una pieza distinta: menos administrativa, más política.
En paralelo a la transición formal, asumió personalmente una ronda de encuentros con gobernadores y alcaldes de toda la geografía nacional. A ese ejercicio lo llamó “empalmes territoriales”, una iniciativa que, en principio, busca reconstruir la relación entre el Gobierno central y las regiones tras un cuatrienio marcado por el distanciamiento institucional. Sin embargo, su alcance parece ir mucho más allá de la transición.
Durante la campaña, De la Espriella se presentó como un outsider, ajeno a la clase política tradicional y distante de la burocracia estatal. Pero tras recibir la credencial presidencial, su proyecto empezó a mostrar otra dimensión: no solo administrar el poder, sino consolidarlo políticamente.
En esa lógica se inscriben los empalmes territoriales. Aunque el presidente electo los presenta como un esfuerzo de articulación institucional, distintos analistas coinciden en que también pueden leerse como el primer paso para reorganizar el mapa político del país.
En ese escenario, Defensores de la Patria, el movimiento que impulsó su candidatura, aparece como la plataforma natural de expansión. Si la estrategia avanza, su propósito sería convertirlo en una fuerza nacional capaz de competir no solo con los partidos tradicionales, sino especialmente con el Pacto Histórico.
Un mapa político en formación
Las primeras señales ya se han visto. En las últimas horas, De la Espriella se reunió con el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez. Al término del encuentro, ambos afirmaron que “cesa la horrible noche” a partir del próximo 7 de agosto, en alusión al final del gobierno de Gustavo Petro, y hablaron de la necesidad de “volver a poner la casa en orden”.

Más allá del gesto político, el encuentro marcó el inicio visible de una agenda de articulación directa con mandatarios locales. Para la abogada y consultora María Jimena Escandón, lo que está en marcha no es una suma de reuniones aisladas, sino un cambio estructural en la forma de construir poder.
En su lectura, los empalmes territoriales se explican en cuatro dimensiones. La primera es electoral: el fortalecimiento de una base regional con miras a 2027. La segunda es institucional: dar protagonismo real a gobernadores y alcaldes, un objetivo históricamente anunciado pero poco ejecutado.
La tercera implica una reconfiguración de la relación con el Congreso, al reducir el margen de negociación individual de los congresistas y desplazar el eje hacia las regiones y las bancadas. La cuarta es territorial: una relación más directa entre el Gobierno y los ciudadanos, que debilita intermediaciones tradicionales y reordena el poder político.
La vista puesta en el poder local
Este jueves comenzó oficialmente el empalme entre el gobierno entrante y el saliente. El presidente electo delegó esta tarea en su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, mientras él asumió personalmente la agenda con alcaldes y gobernadores, un gesto que refuerza la prioridad política de ese frente.
Uno de los encuentros más significativos fue con el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán. “Señor alcalde, cuente conmigo y con todo el Gobierno. Bogotá será una prioridad porque volverá a brillar y haremos todo lo necesario para lograrlo”, afirmó el presidente electo.
El mensaje contrasta con la relación de altibajos que, como se vio en público, sostuvo el gobierno de Gustavo Petro con la capital, en casos específicos como el del Metro de Bogotá, la principal obra de infraestructura de la ciudad. Galán invitó en varias ocasiones al presidente saliente a conocer el proyecto, sin obtener respuesta. En la cita se afirmó que la relación entre la Nación y la capital ahora tendrá otro tono.
Mientras el empalme institucional avanza en medio de controversias —incluida la propuesta de grabar y transmitir las reuniones, impulsada por Restrepo—, la agenda territorial del nuevo mandatario se desarrolla con mayor fluidez política.
En ese contexto, el experto Gabriel Cifuentes advierte que no existen antecedentes recientes de un proceso similar con mandatarios regionales que aún tienen más de dos años de mandato.
Aun así, considera que el gesto tiene un alto valor simbólico: incorpora a las regiones en la conversación política del nuevo gobierno y fortalece una relación directa con los territorios. También plantea una posible lectura electoral, en la medida en que anticipa la disputa por las elecciones regionales de 2027.
Sin embargo, recuerda que estos comicios responden a dinámicas locales distintas a las presidenciales, donde pesan con fuerza los liderazgos territoriales y las estructuras políticas regionales.
2027 como punto de inflexión
El politólogo Gonzalo Araujo coincide en que el centralismo ha sido uno de los principales problemas del sistema político colombiano. Según señala, este modelo genera inequidad en la distribución de recursos y limita la efectividad de las políticas públicas en los territorios.
En contraste, una mayor articulación con las regiones podría fortalecer la gobernabilidad y reducir la dependencia de intermediarios políticos, al tiempo que da mayor protagonismo a instancias como la Federación de Departamentos o Asocapitales.

El analista Carlos Arias plantea dos interpretaciones del proceso. La primera es que el presidente electo ha insistido en gobernar desde las regiones, lo que incluye despachar desde distintos departamentos, comenzando por La Guajira.
La segunda es que la estrategia también puede entenderse como seguimiento a proyectos inconclusos y a casos de corrupción que, según su lectura, han afectado a los territorios desde el nivel central.
Aun así, Arias considera que no hay evidencia suficiente para afirmar que exista una estrategia electoral explícita hacia 2027. En su opinión, la prioridad del nuevo gobierno es mostrar resultados tempranos en un contexto de alta polarización.
El factor territorial en la gobernabilidad
Para el analista Jairo Libreros, el empalme admite una lectura estructural. En su opinión, durante el gobierno de Gustavo Petro las regiones y ciudades capitales tuvieron un papel secundario en la toma de decisiones nacionales.
Sostiene que la relación con los mandatarios locales dependió, en algunos casos, del alineamiento político, lo que habría afectado la autonomía territorial. Él también menciona como ejemplo el debate del Metro de Bogotá. Igualmente, señala impactos en salud, educación e infraestructura, así como debilidades en materia de seguridad ciudadana por falta de inversión suficiente en capacidades institucionales.
Libreros añade una segunda dimensión: la electoral. En su lectura, el resultado de las elecciones regionales de 2027 será determinante para la gobernabilidad del presidente De la Espriella durante la segunda mitad de su mandato.
El nuevo gobierno, advierte, deberá convivir con autoridades regionales de distintas corrientes políticas, lo que puede generar tensiones similares a las de ciclos anteriores.
En ese escenario, identifica a Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, junto con Antioquia, Cundinamarca, Valle del Cauca y Atlántico, como los principales centros de disputa política.
Para este experto, si De la Espriella logra su propósito Defensores de la Patria podría consolidarse como una fuerza con vocación de permanencia, capaz de competir en igualdad de condiciones en 2027.
De confirmarse ese escenario, el sistema político colombiano podría evolucionar hacia una competencia entre dos grandes bloques: la nueva derecha representada por ese movimiento y el Pacto Histórico. Una fotografía similar a la vista recientemente en las elecciones presidenciales.
No obstante, advierte que aún está por verse cómo se reorganizará la oposición y si figuras como Iván Cepeda lograrán consolidar liderazgos de alcance nacional.
Si esta estrategia logra consolidarse, los empalmes territoriales podrían dejar de ser recordados como un mecanismo administrativo de transición. Podrían convertirse en el primer movimiento de una reconfiguración más profunda del poder político en Colombia, donde las regiones pasen a ser el eje central de la competencia electoral y donde la disputa por 2027 marque el inicio de una nueva etapa en la arquitectura del sistema político.
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