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Poder

¿Invadirá Estados Unidos a Venezuela?

Donald Trump, Gustavo Petro, Nicolás Maduro.

Mientras los portaviones, buques y submarinos estadounidenses rondan, amenazantes, la costa de Venezuela, el mundo se pregunta hasta dónde llegará esta intimidación. ¿Qué tan factible es una eventual invasión? Análisis.

Por: Armando Neira

¿En serio Estados Unidos va a invadir Venezuela para sacar del poder a Nicolás Maduro? Un simple vistazo al arsenal de barcos de guerra, submarinos y aviones que el presidente Donald Trump ordenó desplegar hacia las costas del país, limítrofe con Colombia, podría hacer pensar que sí.

Hay quienes creen que el escenario sería tan simple como cuando George H. W. Bush ordenó la invasión de Panamá en diciembre de 1989 para derrocar al general Manuel Noriega, también acusado de narcotráfico. Sin embargo, la realidad actual es mucho más compleja.

No solo por la dimensión territorial de Venezuela, sino porque en Panamá Estados Unidos contaba, entre otras cosas, con bases militares que facilitaron la operación. En contextos recientes, las intervenciones hechas por el Tío Sam han resultado mucho más costosas y complicadas.

Con un área de 916.445 kilómetros cuadrados, Venezuela es tres veces más grande que Vietnam (331.230 kilómetros cuadrados) y posee más territorio que Afganistán (652.225 kilómetros cuadrados). En los últimos dos países Washington no imaginó siquiera que fueran a producirse los desenlaces que se dieron.

Michael Shifter, una de las voces más autorizadas en temas hemisféricos, le dijo a CAMBIO desde Washington que hoy es difícil encontrar a alguien que tenga una respuesta clara sobre lo que va a ocurrir. Ni siquiera se puede hacer un pronóstico confiable.

El espectáculo de Trump

“A Trump le gusta mostrar su fuerza, su poder, pero el panorama es muy complejo, con muchos interrogantes. No hay claridad sobre el propósito del despliegue ni sobre qué se busca realmente”, dijo.

Shifter considera que la hipótesis más plausible es que la administración Trump intenta reducir el comercio de drogas ilegales mediante interdicción y otras medidas, con el fin de generar una crisis económica en Venezuela, un país que –según él– “depende mucho del narcotráfico para sus ingresos”.

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Según información de la Armada de Estados Unidos, en total, han enviado tres destructores, dos buques de desembarco, un buque de asalto anfibio y un crucero, que se encuentran en la región o en camino. Cada destructor transporta a bordo destacamentos de la Guardia Costera estadounidense y agentes del orden, encargados de realizar detenciones o arrestos en operaciones de interdicción de drogas.

Con ello, se buscaría también provocar fracturas internas dentro del régimen y lograr, eventualmente, una transición de poder. Hay esperanza de que la oferta de 50 millones de dólares de recompensa por Maduro sea un botín tentador.

Aunque Shifter conoce bien a Trump y reconoce que es impredecible y capaz de cualquier cosa, cree que una intervención militar unilateral sería una “locura absoluta” debido a la enorme responsabilidad, los recursos que implicaría y lo incierto del resultado. “Por eso no me parece el escenario más probable”.

Entonces, ¿por qué hay siete buques de guerra, dos submarinos nucleares, varios helicópteros y aviones militares y unos 8.000 efectivos estadounidenses surcando aguas cercanas a Venezuela?

Expertos consultados por CAMBIO consideraron que hay otras opciones sobre la mesa. No se puede descartar una acción muy limitada, como un ataque a un laboratorio o a algún objetivo puntual, por ejemplo.

El sabor de la victoria

No necesariamente para colapsar el régimen ni cambiar al gobierno, sino para generar impacto mediático. Un espectáculo, algo que Trump disfruta: presentar una operación como una gran victoria.

“Trump es más un productor de teatro que un estratega militar. Entonces, si puede montar algo con buen “show”; aunque no resuelva el problema, para él es suficiente”, agregó Shifter.

La incertidumbre crece porque la política estadounidense hacia Venezuela es contradictoria: por un lado, Chevron transporta petróleo venezolano hacia Estados Unidos gracias a una licencia especial; por otro, hay un movimiento naval con una postura amenazante.

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El Departamento de Defensa de Estados Unidos comenzó su despliegue enviando al Grupo Anfibio de Despliegue Inmediato Iwo Jima (Iwo Jima Amphibious Ready Group) de la marina norteamericana, compuesto por el buque de asalto anfibio USS Iwo Jima, el de transporte anfibio USS San Antonio y el buque de desembarco USS Fort Lauderdale.

Esto refleja divisiones dentro del gobierno republicano: unas facciones más duras y otras más pragmáticas. Al final, se dice, no hay que olvidar que Trump es ante todo un gran negociante, por lo que es posible que le apunte a un resultado que le dé réditos.

Oficialmente, la movilización se justifica como una operación antinarcóticos en general. Pero la secretaria de prensa Karoline Leavitt apuntó directamente al régimen al afirmar que Estados Unidos considera a Maduro un “jefe fugitivo de un cartel de la droga” y no el presidente legítimo de Venezuela.

Maduro se atrinchera

Hasta ahora, quien ha logrado capitalizar la situación a su favor es el propio Maduro. Aunque al principio se mostró cauto, solicitando solidaridad a la ONU, luego fue elevando el tono. No solo porque a él le encanta el discurso de confrontación, sino porque las Fuerzas Armadas se han mostrado leales y se viste de ganador pues figuras de la oposición como Henrique Capriles han rechazado una invasión.

Maduro aparece en público orgulloso, vestido de camuflado, rodeado por su guardia pretoriana: Cilia Flores, Vladimir Padrino López y Diosdado Cabello. Abraza a militantes de los comités de defensa de la revolución y lanza arengas como: “¡No hay forma de que le entren a Venezuela!”.

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Diosdado Cabello y Nicolás Maduro. Foto: Colprensa.

Ha ordenado el despliegue de 15.000 efectivos en la frontera y agradeció el apoyo del presidente colombiano Gustavo Petro: “Quiero agradecer al presidente de Colombia, nuestra hermana Colombia con la que compartimos una sola bandera, la bandera mirandina que nació en Haití”, dijo, en respuesta al anuncio de Petro de reforzar la zona del Catatumbo con 25.000 hombres.

“Lo que están amenazando con hacer contra Venezuela –un cambio de régimen, un ataque militar– es inmoral, criminal e ilegal”, agregó Maduro, llamando a los ciudadanos a unirse a una milicia en defensa del país.

Con el control de los medios de comunicación, el chavismo ha logrado imponer el relato de que se trata de una acción del imperialismo contra toda Venezuela y no solo contra Maduro y su segundo, Diosdado Cabello, a quienes Estados Unidos ha señalado con afiches como en las películas del oeste.

La hora de las dificultades

Para Eduardo Pastrana Buelvas, docente de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad Javeriana, sin embargo, es poco probable que haya una invasión.

“Venezuela no es Panamá ni Granada. Es un país extenso, con condiciones militares complejas. Y, además, Trump ha expresado que no quiere iniciar nuevas guerras. Incluso en Irak y Afganistán, con recursos colosales, Estados Unidos no logró sus objetivos. Una operación así requeriría meses de preparación y cientos de miles de tropas”.

“Esto no es una bravuconada. Estamos obligados a defender nuestro territorio, nuestro cielo, nuestro mar. No es una elección”, respondió Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y alfil de Maduro. “El extranjero que entre ilegalmente a Venezuela no saldrá, aquí se quedará”, advirtió.

En los últimos días, la movilización de tropas, las jornadas de alistamiento y los mensajes nacionalistas se han intensificado en todo el país. Así las cosas, el despliegue actual podría ser otra estrategia de presión para forzar un cambio interno, pero si no hay una fractura militar dentro del chavismo, el régimen seguirá. Incluso podría salir fortalecido.

“Saquen la cuenta de cuántos ataques hemos resistido desde la llegada del comandante Chávez al poder, hace 26 años”, dijo Cabello, adelantando lo que consideran será una nueva victoria.

¿Qué pasa en Venezuela?

Desde la perspectiva de varios expertos, Estados Unidos también tiene argumentos legales. Ha declarado a ciertos carteles como organizaciones terroristas e invocado el artículo 51 de la Carta de la ONU para justificar operaciones preventivas.

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Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, viajó a Ecuador y a México. Hasta ahora, no ha tenido comunicación con la canciller colombiana Rosa Villavicencio.

Algunos venezolanos han solicitado una intervención bajo el principio de “responsabilidad de proteger”, dadas las violaciones de derechos humanos. No obstante, por ahora, en Venezuela no se ve una movilización social que ponga en aprietos desde adentro al régimen.

En este contexto intervino el presidente Petro: por una parte, envió soldados a la frontera, con lo cual, según expertos, “las Fuerzas Armadas colombianas servirían de amortiguador de seguridad para evitar una intervención norteamericana por ese flanco” y, por otra, afirmó: “el cartel de los soles no existe; es una excusa ficticia de la extrema derecha para derrocar a gobiernos que no les obedecen”.

Según Insight Crime, centro de investigación sobre el crimen organizado con sedes en Estados Unidos y Colombia, el nombre de “cartel de los soles” proviene del uniforme de militares venezolanos señalados de actividades ilícitas.

El término comenzó a utilizarse en 1993, cuando se conocieron denuncias de participación en narcotráfico contra generales de la Guardia Nacional y luego comandantes de división, que llevaban en el uniforme soles dobles por su rango.

El cartel de los soles

Insight Crime dice que el cartel de los soles no funciona como una organización criminal tradicional con líderes y subordinados, sino como una red compuesta por múltiples células dentro de las fuerzas armadas venezolanas y del gobierno.

“Más que una organización jerárquica con Maduro al mando de las operaciones de tráfico de drogas, el cartel de los soles se asemeja más a una red de corrupción en la que funcionarios militares y políticos se benefician de acuerdos con narcotraficantes”, aseguró este centro de pensamiento.

Esta afirmación del presidente Petro provocó en Colombia el rechazo de la oposición y sorpresa en Estados Unidos. En varios titulares de los medios de ese país se lo calificó como “el aliado izquierdista de Maduro”.

Para el docente Pastrana Buelvas la postura de Petro frente a una posible invasión es coherente con su visión crítica del imperialismo estadounidense, similar a su posición frente a otras crisis, como la de Gaza.

Sin embargo, también puede interpretarse como una estrategia para desviar la atención de los graves problemas de seguridad interna que enfrenta Colombia. La debilitada capacidad de las Fuerzas Armadas, el fracaso de la política de paz total y el fortalecimiento de grupos ilegales han provocado un aumento de asesinatos, extorsiones y violencia.

Petro ha tenido una semana difícil políticamente. Como otros líderes populistas, suele recurrir a confrontaciones externas para movilizar a sus bases, reforzar su imagen y ganar apoyo regional, explicó el experto.

Rechazar una intervención militar unilateral es válido y legal. América Latina históricamente ha rechazado las injerencias extranjeras. Lo que se está viendo recuerda a la vieja política del “gran garrote” de Roosevelt, aunque en un escenario regional muy distinto.

Los argumentos de Petro

Enrique Alberto Prieto Ríos, profesor visitante en la Facultad de Derecho de la Universidad de Boston, señaló que las declaraciones de Petro deben analizarse en varios niveles: Derecho internacional público: la Carta de la ONU prohíbe el uso de la fuerza para intervenir en la soberanía o en los asuntos internos de otro país. En este sentido, Petro está alineado con el derecho internacional al rechazar una intervención militar.

Y política interna: Colombia atraviesa una situación de seguridad interna muy crítica. Cualquier conflicto en la frontera generaría desplazamientos, agravaría la crisis migratoria y complicaría aún más la situación social.

Además, justo ahora que se busca reactivar la cooperación con Venezuela, un conflicto sería contraproducente. En época electoral, a Petro le sirve también exhibir la bandera del defensor ante el imperio, un discurso que cala en especial en las bases del Pacto Histórico.

Sin embargo, la postura de Petro podría ser usada por sectores conservadores como excusa para aplicar sanciones o descertificar a Colombia. De hecho, durante los últimos días se han escuchado duras amenazas contra Petro por parte de algunos sectores republicanos en Estados Unidos.

Una relación fría

Lo cierto es que, en este pulso, Colombia y Estados Unidos se distancian. La relación ya es fría y pragmática, y estas tensiones podrían traducirse en nuevos elementos de tensión.

Todo apunta a que Colombia podría ser descertificada por Estados Unidos. Lo que no está claro es qué sanciones concretas implicaría la descertificación.

La distancia entre Petro y Washington es notoria. El secretario de Estado, Marco Rubio, visita ahora México y Ecuador, ignorando a Colombia. Se trata de un mensaje que muestra en toda su dimensión cómo están hoy las cosas.

Hay quienes consideran que Trump puede hacer cualquier cosa porque quiere mostrar su fortaleza ante el mundo y resulta inexplicable que en su propio patio trasero tenga semejantes problemas. Por eso, los sectores más radicales que le hablan al oído lograron convencerlo de lanzar este despliegue.

“Esta es la primera fase de la limpieza del hemisferio. América Latina ha estado en segundo plano hasta ahora”, dijo Arthur Estupiñán, exasesor del Congreso.

Trump ya intentó un cambio de régimen en Caracas y fracasó. Ahora asegura que Maduro lidera el cartel de los soles, al que declaró grupo terrorista, y promete que va por él.

“No debemos hacernos eco de las estupideces que inventa Washington”, dijo Rodríguez. “No existe en el continente un país que haya tenido más victorias contra el narcotráfico en los últimos tiempos que Venezuela. En este país no hay un solo metro sembrado de hoja de coca o de marihuana”.

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