
Alarmados quedamos los colombianos con las imágenes del centro de Bogotá, emitidas por todos los canales de televisión, sin excepción, donde nos mostraban las agresiones de indígenas de la comunidad embera a la fuerza pública. Varios policías tuvieron que ser hospitalizados después de la golpiza por la contundencia de sus lesiones. Todas las imágenes impactantes, pero tal vez la más impresionante, la de la joven policía a quien atacaron en la estación de TransMilenio del Museo del Oro y la arrastraron por el piso. Muchos transeúntes reaccionaron defendiendo a la fuerza pública.
La violencia no se justifica en ningún caso y siempre será inaceptable. No puede ser fundamento de la protesta social ni la manera para resolver los problemas que nos agobian. El líder embera Uriel Queragama en conversación con diversos medios de comunicación, dice que sus compañeros y compañeras, le manifestaron que ellos habían sido atacados primero y que se estaban defendiendo de las agresiones. Tendrán las autoridades la obligación de investigar. Sin embargo, las imágenes no confirman esta aseveración del líder embera. Un grupo de mujeres de la comunidad y sus hijos bloquearon el lado sur del edifico de Avianca. Intervinieron los gestores de convivencia con el ánimo de que accedieran al desbloqueo. No lograron que aceptaran despejar la zona, fueron agredidos, y es en ese momento cuando se hace necesaria la intervención de la fuerza pública.
Queragama sostiene que a ellos como líderes, la comunidad les exige que actúen. Y aclara que nada de lo prometido en 2020 fue cumplido por las autoridades competentes. Manifiesta que la comunidad tiene hambre, está cansada y está sufriendo. Están reclamando “los derechos de ellos” desde la toma pacífica del Parque Nacional. No le resulta fácil a una comunidad adaptarse a la vida, así sea de paso, de una ciudad como Bogotá.
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