
Pues sí. Eso hice hace ya cuatro largos años. ¿Me arrepiento? Por supuesto que no. Aún hay país y con la otra opción, imaginaba que —a estas alturas— ni eso tendríamos.
¿Fue una decisión equivocada? No, votar por Petro era un tiro en el pie, la otra opción me parecía que era dispararse en la en la cabeza.
¿Estoy decepcionado por el resultado del Gobierno del Cambio? Más que decepcionado, estoy preocupado por la situación actual, por el rápido aumento de la criminalidad que aprovecha la transición gubernamental para fortalecerse, por la crisis fiscal que se cierne sobre nuestros bolsillos, por la corrupción que nadie logra detener, por la preeminencia de ese poder estético en las altas esferas del Gobierno, por el permanente enfrentamiento entre ganadores y vencidos que dejó la elección presidencial, por la poca humildad de los primeros y la mucha altivez de los segundos. Y por cien cosas más. Bueno, el viernes se acaba esto, así que es el momento de mirar atrás porque, desde el sábado, únicamente miraremos hacia adelante.
En todo caso, me perdonan si los incomodé por hacer lo que creo.
Hace cuatro años concluí que, si entre liberales y conservadores —en nombre de la derecha— no habían podido acabar con este país (a pesar del denodado esfuerzo de muchos de sus representantes), la izquierda merecía una oportunidad, su oportunidad. Lástima, eso sí, haberla desperdiciado.
No era difícil suponer que el Gobierno de Gustavo Petro iba a ser caótico, desordenado, revulsivo, revolucionario (me refiero al aspecto social), medianamente anárquico, de discurso en el balcón, de discusión frentera, de permanente reivindicación. Estaba dentro de las expectativas porque —entre otras cosas— muy así fue su paso por la Alcaldía de Bogotá. Pero, claramente, desbordó esas expectativas. El exceso de caos degeneró en inseguridad; el desorden, en corrupción; la revolución social, en un sistema de salud colapsado; lo medianamente anárquico en el estruendoso fracaso de la “Paz Total”; el discurso de balcón en las diecinuevejulieras y mal escritas peroratas por tuiter; la discusión frentera en la vergüenza de los consejos de ministros como rings de lucha libre (donde todo vale) transmitidos en vivo y en directo por televisión nacional; y la permanente reivindicación en la torpe defensa presidencial a las voluptuosas mujeres que fueron poderosas y que habrían incrementado su patrimonio de forma injustificada durante este cuatrienio. Como decía mi regañona tía: apenas para cerrar con broche de oro, ¿no, mijito?
En todo caso, yo creo que hubo importantes aciertos, como el de la cuantiosa entrega de tierras a campesinos desposeídos o desplazados, ejecutada por la Agencia Nacional de Tierras, por citar alguno. Y otros más.
Pero, también, errores groseros, unos evidenciados por los periodistas de los medios de comunicación que tanto y tantos vituperan; otros, detenidos por esos mismos congresistas de Cámara y Senado, que son permanentemente señalados; y varios más, corregidos por la fuerza de las normas que jueces y magistrados hicieron valer desde sus despachos. Todo, bajo la mirada vigilante de las Fuerzas Armadas, que siguen peleando una guerra infinita contra los bandidos; y algunas veces, contra ellas mismas.
Sí, este país funciona, a pesar de sí mismo, porque tiene Prensa, Congreso, Justicia y Fuerzas Armadas, sosteniendo esta nación. Es justo reconocerlo.
Que Petro se quedaría por siempre en el poder, que seríamos otra Venezuela, que el comunismo se impondría, que se acabaría el país, en fin. Nada de eso pasó. Y no sucedió porque las instituciones funcionaron. Esa, también fue mi tranquilidad cuando estaba decidiendo el voto.
Todo se dio para que Petro llegara al poder: la pandemia, el ‘estallido social’ y su mal manejo por cuenta de la administración del momento, la acumulación de desaciertos de los gobiernos llamados de derecha, los vientos de cambio en el continente, el rival de poco peso que tuvo en segunda vuelta; y varias cosas más. Un mal necesario.
Se fue Gustavo Petro y espero que a Abelardo de la Espriella le vaya muy bien en su cuatrienio. Me conviene, porque tengo hijos y necesito un mejor país del que existe en la actualidad.
Lo digo de corazón.
@JaimeHonorio
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