
Todos los candidatos anuncian lo mismo: el aumento del número de embajadores de carrera. Escuchamos esta promesa de campaña una y otra vez, mientras la diplomacia sigue al servicio del gobierno de turno como botín político.
El servicio exterior de Colombia necesita un revolcón. Pongamos las cartas sobre la mesa: apremia un plan gradual, de metas definidas, acordado y socializado entre partidos y movimientos, academia y demás actores de la sociedad civil.
Aquí va un conjunto de propuestas para abordar una reforma de fondo.
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