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Laura Gil
Puntos de vista

Una pregunta para la canciller

Cuando la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez llegó a la Cancillería en mayo de 2021, puso como condición la salida de la viceministra de asuntos multilaterales Adriana Mejía. Ella, junto con la jefe de gabinete de Palacio, María Paula Correa, manejó el Ministerio de Relaciones Exteriores de espaldas a la ministra Claudia Blum durante la permanencia de esta en el cargo.

Marta Lucía Ramírez pretendía recuperar la toma de decisiones para la Cancillería. Pero, en julio, tan solo dos meses después de su nombramiento, el presidente decidió que la canciller no podría acompañarlo en los viajes (Decreto 835 de 27 de julio de 2021) y, en septiembre, le otorgó a María Paula Correa, funcionaria de confianza, facultades en el ámbito internacional (Decreto 1185 de 30 de septiembre de 2021). La Cancillería paralela, instalada en una oficina de Palacio, reposa sobre la designación de embajadores cercanos que reportan de manera directa a Correa. La canciller quedó al margen del centro de poder.

La vicepresidenta Ramírez forma parte de la línea dura de este gobierno conservador. Sin embargo, a diferencia de sus compañeros amateurs de gabinete, conoce el funcionamiento del Estado y sabe leer las señales internacionales. Intentó restablecer la institucionalidad y fracasó.

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