
El voto es un acto de comparación. Los debates presidenciales le sirven a la democracia, pero, como decía Aristóteles, la virtud está en la moderación.
Cuatro debates presidenciales la última semana de campaña muestran que los candidatos están supeditados a los dictados de los medios. Semejante proliferación de debates tiene más lógica empresarial que ciudadana. Estas son las razones.
Cada medio de comunicación y hasta cada estrella periodística se cree con derecho a debate propio. No hay espacio para negar la asistencia: existe una obligación en la práctica de acudir a la hora que sea, como sea y en las condiciones que sean. Candidato que se atreva a ausentarse recibirá al aire reiterados y prolongados regaños del estilo “usted no está listo para la Presidencia; usted no cumple las reglas”. ¿No habla por sí sola la silla vacía?
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