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Velia Vidal
Puntos de vista

El tiempo es ahora

¿Y vos estás preparada? Me preguntó Daniel mientras almorzábamos en un restaurante del centro de Münster el martes después de las lecciones. ¿Yo? ¿Preparada pa qué? “Pa todo lo que se viene, parce, van a ser cuatro años duros, vas a tener mucho tema pa escribir”. Unas horas después ocurrió la entrevista de Claudia Palacios a nuestra nueva vicepresidente, que se hizo viral por la pregunta cargada de clasismo y racismo de la periodista, que además se negó a aceptar su error y aseguró que fue la entrevistada quien no entendió. Al día siguiente me atreví a publicar un tuit sobre el tono despectivo que se ha usado para nombrar al diseñador Esteban Sinisterra, quien viste a Márquez, por el que recibí comentarios de todos los niveles de racismo.

Entre las respuestas a mi tuit, los comentarios relacionados con la entrevista de Palacios y las múltiples reacciones a la elección de Francia quedé aturdida en cuestión de dos días con la exacerbación del racismo por su llegada a la escena pública. Sé que no soy la única que se siente así y, en consecuencia, tiene la necesidad de atender la pregunta que me lanzó Daniel. Pero Mábel Lara nos dio la respuesta que necesitábamos: «¡Estamos listas! Por fin lo vamos a sacar de entre las piedras y enfrentar la negación”. Escribió la excandidata al Congreso refiriéndose al racismo y agregó: “Colombia no es racista”, “resentidas”. ¡Pa lante!», Esta vez aludiendo a expresiones recibidas también como víctima de misoginia y ataques racistas a lo largo de su vida pública.

Es imposible negar que estos actos racistas duelen, y aunque la dignidad de la vicepresidente electa al responder frases y preguntas desatinadas es inspiradora, las mujeres afro, las de otras minorías y las conscientes de la exclusión sentimos en la piel y en el corazón lo que ella está viviendo. Francia fundó un momento histórico que va mucho más allá de ser la primera vicepresidenta afro en Colombia: las frases irrepetibles por ofensivas y miserables, las preguntas clasistas o la incomodidad del establecimiento están demostrando lo que han querido ocultar durante siglos, que este es un país racista; uno que tiene por primera vez la oportunidad de conversar sobre el tema aplazado, de discutirlo y sobre todo de aprender a dudar de su sistema de creencias, a cuestionarse y empezar a entender.

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