
“Acepto en mi corazón y en mi conciencia que me equivoqué, mil perdones”. Las palabras son de Rodolfo Hernández y no, no le está pidiendo perdón a las mujeres –a las que tanto ha ofendido–, tampoco al concejal al que le pegó una cachetada, ni a los periodistas a los que les dijo que no le preguntaran estupideces, o al hombre al que amenazó de muerte, las palabras de Hernández iban dirigidas a la Virgen María por ofenderla.
La supuesta ofensa a la que hizo referencia ocurrió dos meses atrás cuando dijo: “Yo recibo a la Virgen Santísima y a todas las prostitutas que vivan en el mismo barrio con ella, a todo el mundo recibo”. Perdón debería pedirles a las prostitutas, ya que cada vez que puede las usa como insulto. Por supuesto no lo hará, ni con las trabajadoras sexuales, ni con ninguna de las personas a las que a diario ofende. Seguramente –al mejor estilo de Iván Duque cuando declaró a la Virgen de Chiquinquirá patrona de los colombianos–, si gana el ingeniero tendremos que acostumbrarnos a este tipo de shows camanduleros.
Ya se le había adelantado Íngrid Betancourt cuando, arrodillada en una iglesia –y cargada de drama–, se atrevió a asegurar que esa frase del candidato fue como una daga al corazón. Daga al corazón la que ella le enterró a la Coalición de Centro cuando estuvo ahí, para luego terminar arropada con la misma cobija de las maquinarias que tanto criticó y que ahora acompañan a Hernández. En su defensa hay que decir que no ha sido la única incoherente en esta campaña.
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