Es correcto decir que la elección de Gustavo Petro y Francia Márquez refuerza la democracia en Colombia y con este cambio gana todo el país, incluso quienes se opusieron a él.
Un exguerrillero, torturado por el Estado, exiliado con su familia, reincorporado a la vida civil hace más de 30 años para trabajar por el país y una defensora y líder medioambiental, afrodescendiente y desplazada, llegan al poder en un país gobernado por las mismas familias desde hace más de 200 años, que han excluido a cualquiera que vieran como “distinto”, a menos que tuviera fortuna, así fuera lograda de manera ilegal.
¡Cuánto hemos tenido que esperar para que los de siempre compartieran el poder! ¡Qué duro, largo e injusto ha sido llegar hasta aquí!
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