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Daniel Schwartz
Puntos de vista

Simple pero peligroso

Rodolfo Hernández gusta, entre otras cosas, porque parece loco, como salido de un molde distinto al resto de los políticos. Muchos de sus críticos observan también esa supuesta locura: creen que un loco no debería ser presidente. Pero Rodolfo no es loco, porque un loco verdadero es capaz de ver lo que otros no ven. A los locos se les admira por ser sorpresivos y elocuentes, pero Rodolfo es un hombre poco agraciado, simplón, sin más mérito que su cuantiosa fortuna.

Creer que es un loco es reducir la locura a la payasada, a la ramplonería. Lejos de ser el loco que canta verdades, Rodolfo es un hombre pequeño que se cree más de lo que es, y en esa medida es un peligro para nuestra democracia.

Rodolfo hace gala del saneamiento financiero que hizo cuando fue alcalde de Bucaramanga, lo que para muchos es señal de un buen manejo de los recursos públicos, pero los criterios para sanear las finanzas de una empresa no sirven para sanear las finanzas de una ciudad. En un caso se busca maximizar ingresos y en el otro se busca el bienestar de la población, así que el criterio empresarial es contrario al manejo eficiente de los recursos públicos, que son, precisamente, recursos para invertir en la ciudad y en la gente. Rodolfo incumplió muchas de sus promesas de campaña, no construyó lo que dijo que iba a construir, no alimentó a los niños que dijo que iba a alimentar, y un largo etcétera. Un alcalde, como un presidente, debe utilizar los recursos para darle bienestar a la gente, y eso cuesta.

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