
La inteligencia y la contrainteligencia han sido el vehículo mediante el cual se han podido pavimentar la mayoría de los procesos de paz en Colombia. La información sobre el contrincante es tal vez el activo más importante que tiene un gobierno en la mesa de negociación. Y aunque en muchas ocasiones, más de las que podría tolerar un país realmente democrático, se ha instrumentalizado la inteligencia para inventar enemigos y vulnerar derechos fundamentales, esta actividad es imprescindible para que en Colombia algún día pueda haber paz.
Muchos estamos preocupados, y a la vez precavidamente ilusionados, con el reto que enfrenta el Gobierno del presidente Gustavo Petro en esta nueva oportunidad de construcción de paz. El mayor desafío está en mantener varias mesas de negociación paralelas con grupos armados organizados y criminales, en un posible contexto de cese al fuego bilateral, mientras se garantiza la seguridad y la estabilidad en los territorios sin cederles un milímetro más de soberanía. Por lo anterior, no son menores las inquietudes que tienen muchos sobre el rol que desempeñará la actual Dirección Nacional de Inteligencia (DNI), y su articulación con la fuerza pública.
La DNI es la entidad encargada de realizar inteligencia y contrainteligencia para la toma de decisiones del Gobierno nacional y es, junto a la Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF), la única entidad con funciones de esta naturaleza controlada por civiles, que además responden directamente al presidente de la república.
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