
En el Congreso de la Lengua Española celebrado en Cartagena de Indias en 2007 alrededor de la figura de Gabriel García Márquez y en homenaje a los 40 años de publicación de Cien años de soledad el escritor Antonio Muñoz Molina afirmó que “el enemigo del español no es el inglés sino la pobreza”. Para esos días el debate se centraba que al ser el español una lengua dominante, principalmente en países pobres, podía reproducirse a gran escala por la alta tasa de natalidad pero que no sería a corto plazo una lengua de influencia global. Se trataba de reflexionar las razones de que una lengua rica y poderosa en hablantes y en su literatura fuera mirada en el mundo como un sinónimo de marginalidad y subdesarrollo. Dieciséis años después, en el congreso celebrado en Cádiz el rey Felipe VI afirmó en su inauguración en el Teatro Falla que esta era la “Hora del español en el mundo” y que el actual momento de la lengua con “todas sus voces, giros y matices, acentos y toda su riqueza” permite una diversidad y mestizaje que poco a poco la ha convertido en una lengua de influencia política y económica: “No dejemos pasar la oportunidad que la Historia nos pone por delante. El siglo XXI debe ser el siglo del español. Hagámoslo posible” concluyó el monarca.
Hace pocos días el director del Instituto Cervantes, el poeta Luis García Montero, presentó el nuevo anuario institucional: El español en el mundo 2023. Allí se consignan, entre otros datos, que en este momento somos aproximadamente 500 millones de personas de hablantes nativos (la segunda lengua materna más hablada del mundo después del chino mandarín). De igual forma se registra que casi 76 millones de personas son «usuarios de competencia limitada» (aquellas personas que no tienen el español como lengua, pero se defienden con ella) y 23 millones de personas que lo estudian en diferentes lugares del mundo. También aparecen cifras que posicionan al español como la segunda lengua de comunicación internacional y la tercera en internet. Hay abundantes documentos científicos y académicos en la web, pero todavía falta mucho para alcanzar las cifras del inglés.
Las proyecciones son optimistas: en el año 2071 es posible que seamos más de 700 millones los hispanohablantes y para entonces otros serán los desafíos en el día a día del idioma. Entonces ¿qué falta para ser una lengua más influyente y universal? ¿Qué dificultades existen para que sea una lengua de negocios, política y tecnología?
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios













