
Al Gobierno Petro parece gustarle mucho los subsidios. Los anuncia frecuentemente con entusiasmo. Lo que no parece entusiasmarlo es la organización de los mismos. Casi todos los subsidios que ha proclamado están sumidos en algo muy parecido a un caos.
Comencemos por los que tienen que ver con la movilidad. Sobre bases conceptuales vagas y controvertibles resolvió hace algunas semanas ofrecer un subsidio a los taxistas para desmontar un amago de paro. Sin embargo la implementación de este subsidio, es decir su pago efectivo, ha sido un completo desastre hasta el punto de que ya los taxistas están amenazando con entrar nuevamente a paro.
Este subsidio beneficiaría a 193.000 taxistas que usan gasolina haciéndolos acreedores a un pago de 90.000 pesos mensuales como compensación por las alzas en los combustibles. Sin embargo, solamente se han registrado 50.000 taxistas. Si todos los taxistas lo utilizaran el costo total del subsidio sería de 237.000 millones de pesos. En síntesis: solamente se ha registrado una cuarta parte de los beneficiarios y el malestar subsiste.
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