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Velia Vidal
Puntos de vista

El legado de la libertad

Soy Velia Vidal y en mi tierra, el Chocó, una de las zonas con mayor densidad poblacional afro en América, donde al menos el 86 por ciento de sus habitantes nos reconocemos como afrocolombianos, afrodescendientes o negros. Me llaman Seño Velia, lo que en otros lugares querría decir maestra, profesora, aquella que se dedica a la educación. Y estoy aquí más que nada como la seño Velia, la educadora, sin negar mi condición de escritora, investigadora y gestora cultural.
Mi trabajo con niños, niñas y sus familias racializadas, mi incursión en los medios de comunicación y mi vida, habitando un cuerpo que inevitablemente creció y ha vivido 40 años lo que representa para la mayoría de nosotros ser afro en América, es decir, habitar en contextos de pobreza y ser víctima de múltiples formas de exclusión, me ha permitido identificar tres compromisos que considero ineludibles en los procesos educativos, que corresponden no solo a las escuelas y universidades, sino a la sociedad misma como entorno educador.

El primer compromiso es el uso del lenguaje para desmontar las estructuras racistas. Las palabras, las imágenes fijas y en movimiento, las artes y los símbolos, con su poder, han sido una de las principales herramientas para descalificarnos, señalarnos y perpetuar los estereotipos que nos reducen. Toda acción racista ha estado precedida y es reproducida por las ideas instaladas mediante el lenguaje.

Necesitamos usar el lenguaje para nombrar nuestra historia, nuestros dolores, las responsabilidades de los estados y la sociedad. Y luego, usarlo para restaurar, reivindicar nuestros lugares de enunciación, hacer visibles nuestras palabras y nuestras historias, abrir una conversación amplia como apuesta pedagógica en la que, quienes hemos estado en el lugar de oprimidos y quienes han ocupado el lugar de opresores, estemos dispuestos a cuestionarnos por igual y a encontrar conjuntamente los caminos para nuevas narraciones.

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