
“Cada vez que tomas una decisión, tú alteras el tejido del universo”.
El restaurante al final del universo, Douglas Adams (1980)
Mi pasión por la exploración espacial y la ciencia ficción se inició desde muy niño con los libros de Julio Verne y de Isaac Asimov. Seguía con fruición las series de televisión como Viaje a las estrellas y Perdidos en el espacio. Entre todas ellas había una que me intrigaba y seducía enormemente: El túnel del tiempo. Su especial encanto residía en que los protagonistas ingresaban a un túnel que les permitía visitar otras épocas y ser testigos de acontecimientos remotos.
Muchas lecturas, energía e ilusiones en mi infancia las dediqué a tratar de concebir esa máquina que me permitiría lograr semejante hazaña. Con amargura llegué al convencimiento de que eso no sería posible por lo menos durante mi existencia. Sin embargo, cuál no sería mi sorpresa que después, ya de adulto y luego de mucho recorrido, descubrí que efectivamente sí es posible regresar al pasado y viajar al futuro.
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