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Sebastián Nohra
Puntos de vista

Los beneficios de no dar la cara

Casi todos los problemas económicos e institucionales que se pueden sufrir le cayeron al tiempo y sin piedad al sector aéreo. Una devaluación anual de 20 por ciento; una inflación de dos dígitos; un gobierno decidido a castigar con más impuestos las ganancias y el consumo; autoridades capturadas y una empresa hegemónica dispuesta a hacer todo lo que sea necesario para ejecutar su plan de expansión. Ha sido un coctel explosivo. Por eso se derrumbó el flujo de pasajeros y hubo un aumento altísimo de los tiquetes aéreos. El sector ha enviado nefastas señales a empresas e inversores futuros. El sello de circo lo tenemos en la frente.

Para consentir y facilitar el bochorno institucional que hemos presenciado, es necesario contar con piñones útiles como Guillermo Reyes, ministro de Transporte y cuota política del Partido Conservador, y Sergio París, director de la Aerocivil y hombre de confianza del presidente.

El primero fue el elegido para ponerle el pecho a las balas. Ha sido el escudo del descalabro. Trató de terciar e influir en el proceso de integración cuando eso no le corresponde y es abiertamente irregular. Pero ha sido el protagonista y el gobierno así lo quiso. Al buscar respuestas y entrevistas con otras personas la respuesta siempre era la misma: el único vocero es Guillermo Reyes.

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